Veratrum Album – Eléboro blanco – Materia médica

§ I.—Historia. Esta planta es de la familia de las colchicáceas, Juss.—De la poligamia monoecia, Linn.—La raiz fresca es la parte usada, y se la trata segun arte. Casi completamente abandonado este medicamento durante muchos siglos, ha necesitado que Hahnemann, á quien tanto debe la terapéutica, le sacará del olvido á principios de actual.

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Su disertacion histórica y médica sobre el eléboro y el eleborismo de los antiguos, es un monumento de erudicion.

El eléboro era el remedio de todos los males graves y crónicos, pero sin fiebre.

Acudian enfermos en gran número, aun desde los países mas remotos, á Anticyra, ciudad de la Grecia, donde habia establecimientos dirigidos por médicos que sometian los enfermos al eleborismo, medicacion en estremo violenta.

Tambien se trataba de este modo la enagenacion mental, la melancolía, las neuralgias, los reumatismos, la gota, la epilepsia, los vértigos y las parálisis, la elefantiasis, las afecciones herpéticas, los cálculos, la escrófula, la hipocondría, el cáncer oculto.

Hipócrates trataba el cólera de su tiempo, indígeno sin duda, con el eléboro. Este heróico medicamento, en fin, caia al mismo tiempo que la Grecia sucumbía ante la grandeza absorbente de Roma; y en la edad media no se volvió á hablar de él.

Mas tarde se hizo alguna mencion indecisa. Se confundia, por lo tanto, las diversas especies de eléboro, hasta que Hahnemann, no contento con dar á conocer la grande importancia que los antiguos dieron á este medicamento, se entregó á numerosas esperimentaciones, que, repetidas por algunos médicos, los hechos las han confirmado altamente, desde el cólera asiático, hasta las neuralgias y toses convulsivas.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El eléboro blanco tiene relaciones muy marcadas con el nervio vago y sus ramificaciones.

Esta accion sobre los nervios ganglionares es mas limitada que la del arsénico; y si bien es tan intensa, tan deprimente y tan rápidamente mortal en los casos de intoxicacion, es sin embargo menos duradera y ataca menos profundamente la vida vegetativa, porque no tiene la misma cronicidad, aunque aniquila prontamente la nutricion y conduce á un rápido marasmo por abundantes evacuaciones.

El eléboro tiene algunas analogías especiales con el arsénico, especialmente la de producir una inmensa debilidad que no guarda proporcion con el estado morboso, y con ocasion de un síntoma insignificante en cualquiera otra circunstancia, como, por ejemplo, una deposicion, un coriza, una neuralgia, un calofrío…. La ipecacuana y el centeno de cornezuelo son análogos en este sentido.

Afecciones espasmódicas viscerales, histeria, alteraciones nerviosas del corazon y de la respiracion, desórdenes funcionales, tos convulsiva, vómitos y diarrea espasmódicos y atáxicos, estincion casi completa del calor esterior, sudores frios, pérdida repentina de las fuerzas musculares, fiebres con síntomas nerviosos graves y curso rápido, neuralgias por accesos que se elevan hasta la locura, accesos de calambres, sensacion de quebrantamiento y adormecimiento de los miembros, trismus de las mandíbulas, accesos epileptiformes, síncopes especialmente al moverse, marcha vacilante, marasmo general, piel flácida y sin elasticidad, debilidad paralítica, agravacion de los dolores con el frio, la humedad y el calor de la cama, desaparicion paseando, reproduccion de los mismos generalmente por la mañanita, hé aquí síntomas que recomiendan justamente al eléboro en muchas afecciones graves. Aun especificarémos mas las indicaciones, consignando otros síntomas particulares á cada afeccion.

La ingestion de agua agrava los vómitos del eléboro; lo contrario sucede en el cobre. Los vómitos del primero reaparecen al levantarse, y se calman acostándose.

Se desarrollan, en fin, como los síntomas neurálgicos ó espasmódicos, es decir, por accesos, pero precedidos de un sentimiento de desesperacion y desaliento: sus calambres se alivian por la presion.

Cuando las dósis fuertes desarrollan el frio estremado, se combaten eficazmente con el alcanfor; el adormecimiento letárgico y las neuralgias, con el café; el frio con ansiedad y congestion, calor en la cabeza, con el beleño, etc…..

La veratrina, principio activo del eléboro, ha producido por la esperimentacion efectos análogos á los del arsénico, lo cual ha inducido á Pfaf á denominarle arsénico vegetal, ya por sus efectos violentos y mortales aun á dósis moderadas, ya por la analogía de algunos de los efectos de este alcalóide con el arsénico.

La veratrina desarrolla síntomas semejantes á los del eléboro. Su accion es la misma en el fondo.

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§ III.—Efectos terapéuticos.

Ya estamos en el caso de precisar los indicaciones del eléboro, indicaciones todas que están tan bien caracterizadas, que no será quizá posible hallar en la materia médica medios de suplir á su eficacia:

1.º en el cólera asiático y en el indígeno, en las grandes y rápidas perturbaciones de las funciones digestivas, aun siendo el resultado de una indigestion, pero que hay evacuaciones repetidas y mas ó menos numerosas por vómitos y diarrea; que la materia de estas evacuaciones es acuosa, no elaborada, con grumos blancos que sobrenadan en el liquido, carácter de las evacuaciones del cólera confirmado; que hay palidez, frio estremado en la piel que se pone térrea y flácida; los ojos están hundidos, rodeados de un círculo azulado, y se presentan calambres en los músculos de las estremidades.

El eléboro ha sido muy eficaz en las simples diarreas de la colerina, que se presentan por la influencia de la epidemia; innumerables observaciones comprueban, además, su poder preventivo del cólera, ya se le administre solo, ya alternado con el cobre, que tambien se adapta á la afeccion profunda del sistema nervioso y mas particularmente á los calambres.

2.º En ciertas afecciones febriles, generalmente rápidas ó intermitentes, en las que domina el frio, al esterior sobre todo, que el calor solo se manifiesta en el interior, que la orina es oscura, y que hay sudor frio en el tronco y en la frente. Los vómitos y las deyecciones alvinas no harian mas que confirmar mas y mas la necesidad del eléboro.

Hay aun fiebres atáxicas y afecciones nerviosas graves, con frio prolongado y violento, calor limitado á las vísceras, ó asimismo concentrado en la cabeza ó en el pecho, y caracterizado, ya por palpitaciones y angustia, ya, en el estómago é intestinos, por una perturbacion profunda de la inervacion y deyecciones repetidas; por sudores frios tan solo en la cabeza algunas veces; por espasmos musculares ó convulsiones generales; por dolores violentos á veces en un punto de la columna vertebral ó en otras partes, y por la falta de deyecciones. En estos casos, puede preferirse el alcanfor y ser su accion tan prontamente útil, si no hay evacuaciones ó no dominan la escena.

El eléboro facilita la evacuacion menstrual en mujeres frioleras, cuando un frio glacial de las estremidades ó de la piel en general parece como que contiene el flujo catamenial.

Este medicamento es tambien muy útil en ciertos vómitos de sangre, con mucho frio esterior, acompañado de espasmos, de angustia, de palpitaciones y calor interior.

En análogas circunstancias, es conveniente el eléboro en los vómitos incoercibles del embarazo, en las convulsiones epileptiformes, en la coqueluche, en el histerismo, en el asma; en los dos últimos casos hay sed y diarrea despues de comer; y en todas las indicaciones de este medicamento se observa pulso pequeño y frecuente, casi estinguido á veces; frio esterior, ronquera, sudores frios, debilidad muscular y grande abatimiento, aun cuando la afeccion solo dure dos ó tres dias: emaciacion, ojos hundidos, piel fria, arrugada, sin elasticidad.

La tos seca y ronca con arañamiento ó cosquilleo en la faringe, sin síntoma general notable, se cura á veces con el eléboro, ya solo, ya alternado con la nuez vómica ó la drosera.

Es igualmente eficaz en la ozena con coriza seco y ligera hinchazon de la nariz con periostitis; en algunas diarreas producidas por las bebidas frias; cefalalgias y hemicráneas histéricas con gran debilidad muscular; hambre escesiva en los convalecientes; disposicion á desvanecerse despues de haber salido de una enfermedad aguda, grave; dispepsia con vómito de los alimentos y estreñimiento rebelde, ó solo este último, en personas que siempre tienen hambre y se sacian prontamente, en los hipocondríacos y maniáticos.

En la hipocondría con estremada debilidad y angustia moral, y en la hernia estrangulada, puede el eléboro, ya que no curar, producir un cambio que facilite la accion de otros medicamentos, ó administrado á grandes dósis, desarrollar una perturbacion favorable al desarrollo consecutivo de sus efectos especiales, como se observa cuando se le usa en ciertas manías con agitacion y delirio, en la locura esencial con lubricidad, estreñimiento, timpanitis, horripilacion y saltos musculares.

Es conveniente establecer la distincion en el estreñimiento y la diarrea del eléboro, de que esta y los vómitos existen cuando el cerebro no está afectado, mientras que el estreñimiento exige que los efectos del medicamento le hayan perturbado y se presente delirio, alucinaciones, ó que exista un estado de tension en el que el sistema nervioso de relacion está como comprimido por neuralgias violentas, con desesperacion.

Estas neuralgias del eléboro se presentan por accesos, son dislacerantes, y sus fenómenos generales son: postracion ó sudor frio, horripilaciones, ansiedad y palpitaciones de corazon; aunque hay sensacion de frio, el calor de la cama les agrava.

El eléboro, en fin, está mas indicado en los dolores de cabeza y cefáleas con frio en el vértice, ó con sensacion de frio y calor alternados, que en las cefalalgias con calor, latidos y síntomas de congestion.

Dósis.—Deben preferirse en general las dósis mas débiles, desde 2 ó 3 gotas de la tintura hasta algunos glóbulos de la tercera y décimaoctava atenuacion. Estas cantidades se dan por fracciones mas ó menos repetidas, segun la urgencia del mal.

No es propio de esta obra el tratar de los efectos violentos de eliminacion, de las dósis purgantes, eméticas, y de otras indicaciones que se separan de la ley de los semejantes, sino tan solo, de las dósis, que, aunque considerables, son aptas á desarrollar efectos especiales que están dentro de las atribuciones de esta ley terapéutica.

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Fuente: Tratado metódico y practico de materia médica y de terapéutica. Fundado en la ley de los semejantes. Por a. Espanet. Traducido al español por d. Pio hernandez y espeso. Médico homeópata. The Project Gutenberg.

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