Ammoniacum Carbonicum – A. Muriaticum – Subcarbonato y clorhidrato de amoníaco – Materia médica

§ I.—Historia. El amoníaco es un gas tan violento que solo se usa combinado con otros cuerpos y en estado de sal. Las dos sales mas conocidas y usadas son el subcarbonato y el clorhidrato.

En cuanto al amoníaco líquido, que es agua saturada de gas amoníaco, le tratarémos en un apéndice á este capítulo. Los antiguos conocian las sales de amoníaco, pero rara vez las usaban solas. Los más se servian de diversas composiciones, tales como el espíritu de Minderero, el de asta de ciervo y la sal volátil, etc.

Se considera á las sales de amoníaco como estimulantes, resolutivas, diuréticas, sudoríficas, y se las usa en casos de infartos crónicos, de catarro, etc.

Solo hablarémos del subcarbonato y clorhidrato por tener los dos efectos semejantes, y permitir por lo tanto confundirlos en un mismo estudio.

Despues de Hahnemann se han ocupado muchos autores sobre el modo de que la ciencia fije sus efectos y propiedades.

Preciso es citar á Hartlaub y Nenning, Wibmer y Ruckert. Huxham cita el caso de un hombre en el que el uso del subcarbonato de amoníaco desarrolló una afeccion escorbútica.

§ II.—Efectos fisiológicos.

Tenemos en estas sales una accion que es comun á la de todos los alcalinos por su carácter fundamental: si, bajo su influencia, la fuerza plástica no sufre alteraciones que hagan degenerar su tipo y den lugar á productos nuevos, á escrecencias, á vegetaciones, ni aun á exudaciones que constituyen falsas membranas, y que no confundimos con las capas mucosas, ni á exudaciones simples y mucoso-purulentas, la fuerza plástica se debilita hasta el punto que los elementos orgánicos presenten una falta de cohesion, una especie de descomposicion incipiente; la sangre se empobrece, los sólidos se ponen flácidos, los líquidos se alteran, las fuerzas se debilitan, las membranas mucosas y serosas se convierten en puntos de secreciones abundantes, el tejido celular se engruesa y deja distender las células por la serosidad, el organismo entero está en un estado de atonía y deterioro que puede ser precedido de cierta turgencia sanguínea con sequedad de las superficies exhalantes y secretorias, y que le subsigue siempre.

El aumento de secrecion de los riñones, de la piel, de las mucosas, constituye el período intermedio al estado febril erético y á la infiltracion serosa de los tejidos, efecto de la defibrinacion de la sangre.

Este estado es el cuadro de los efectos crónicos ó de dósis repetidas de subcarbonato y clorhidrato de amoníaco. La analogía de este cuadro con el de las personas linfáticas ó de una constitucion sanguínea alterada por una vida penosa, un mal régimen y una habitacion fria y húmeda indican claramente el uso de estas sales en tales personas.

Pero como por otra parte sus efectos crónicos son precedidos de algunos fenómenos de escitacion, se sigue que los sugetos que se hallan en un estado opuesto al que acabamos de señalar, tienen, habida consideracion á otras circunstancias de agudeza ó de estacion, condiciones favorables á la accion de estas sustancias.

En los fenómenos de escitacion es necesario, por consiguiente, reconocer el predominio de la vida material orgánica sobre la de relacion; de suerte que las sales de amoníaco están poco indicadas en las personas nerviosas, inteligentes, vivas, y lo están mas en las que son blandas, frias ó entregadas á la vida animal.

En todos estos casos el moral presenta la mayor parte de los síntomas ordinarios de las afecciones que alteran profundamente la vida nutritiva, como la tristeza, la inquietud, la dificultad de pensar, la aversion al trabajo, la ansiedad y el mal humor: estas dos últimas disposiciones del espíritu, que se manifiestan con preferencia en el estado agudo ó febril, y por la tarde, época natural de la sobreescitacion sanguínea en las fiebres humorales, catarrales, mucosas, etc., son propias de las sales de amoníaco.

A. Estado agudo.—El carbonato de amoníaco tiene en su patogenesia síntomas de sobreescitacion sanguínea continuos y remitentes, y se los puede dividir en dos períodos: el de eretismo y de relajacion, ó agudo y subagudo: el de este medicamento, sin embargo, es mas bien subagudo, comparado con el de medicamentos francamente piréticos.

El período de eretismo revelado por la esperimentacion pura y por el uso clínico, dura poco; se espresa por ebulliciones de sangre, aliento ardoroso con latidos, punzadas en la parte afecta y particularmente en el cerebro: movimientos fluxionarios pasajeros en los ojos y otros puntos, generalmente en los principios de las membranas mucosas y en los órganos de los sentidos; ojos, oidos, nariz, boca, bronquios, ano, y partes genitales.

Estos órganos son el sitio de un orgasmo que se eleva hasta la tumefaccion, con sequedad, calor, ardor, exudacion sanguínea. Movimientos semejantes se observan en la piel, en la que se presentan manchas y placas escarlatinosas, forúnculos, todo con fiebre, y alternativas de calosfríos y bocanadas de calor.

Los síntomas febriles se manifiestan ó se agravan durante la primera parte de la noche, y ofrecen una gran variacion del pulso, el cual, unas veces es lleno, otras blando y otras duro.

Pocos estados febriles, como no sea el estado catarral, producen tanta ansiedad, tanta agitacion, tanta irritabilidad; tambien se observan intermitencias en la fiebre con accesos separados por muchos dias, hasta el número de siete.

El carbonato de amoníaco representa con bastante exactitud en su patogenesia el cuadro de una fiebre mucosa y de la erisipela que acompaña al estado mucoso, en los linfáticos, frioleros y dispuestos á las afecciones catarrales, con el aire esterior, la humedad y el frio.

En medio de los diversos síntomas de coriza y aun de angina, el enfermo arroja un moco sanguinolento y aun sangre pura por una ú otra nariz; los labios están secos, hendidos, escoriados; la boca de un color rojo oscuro y ardorosa; hay vesículas, aftas en la lengua, lo cual tiene lugar en los primeros dias y durante el período de flojedad que se prolonga indefinidamente; las encías están tumefactas, pálidas ó rojas, y sangran fácilmente; la faringe está irritada, escoriada y de un color rojo vivo ú oscuro.

Despues de los primeros dias de eretismo, hay aumento de las secreciones salival y mucosa.

Domina el gusto ágrio, aunque puede ser dulzoso, el aliento es malo, no hay apetito, el disgusto es continuo, especialmente para la carne y alimentos grasos y cocidos; la sed varía, si bien suele ser muy pronunciada en los primeros dias; las náuseas conducen con frecuencia á vómitos mucosos, ágrios; el epigastrio está caliente, dolorido, es el punto de unas punzadas que se observan tambien en toda la estension del vientre; hay además una sensacion de malestar, de constriccion ó de plenitud.

Los dolores cólicos abaten, las deposiciones son escasas con tenesmo, ó diarréicas con ó sin conatos; la orina es mas bien clara, si bien llega á ser sanguinolenta algunas veces.

En los casos en que el pecho es el mas comprometido, se observa un ardor constante, aflujo de sangre, tos seca muy fatigosa acompañada de calor en la cabeza y varios síntomas de pleuresía y bronquitis intensa.

El período de relajacion se espresa insensiblemente despues de algunos dias, siendo notable por el restablecimiento de todas las secreciones y por el incremento de las mismas. Las deposiciones fecales, sin embargo, continuan siendo sólidas y escasas, ó lo llegan á ser por la persistencia de una irritacion que se concentra en los órganos digestivos, y complica ó sostiene el embarazo gástrico.

El sudor es considerable, y tambien un signo esencial de las indicaciones de las sales de amoníaco en las fiebres mucosas.

Necesario es agregar las frecuentes alternativas de frio ó de impresion de frio; los dolores contusivos y constrictivos mezclados de punzadas en las cavidades esplánicas; las orinas muy abundantes, blanquecinas y turbias; ciertas manchas y erupciones miliares y vesiculosas en la piel y sobre el límite de las membranas mucosas; el sudor circunscrito á las articulaciones en fin, síntoma que, unido á otros, hace reconocer cierto grado de orgasmo en las sinoviales ó membranas serosas articulares.

En tal estado, la cabeza está siempre pesada, dolorida, con vértigos y náuseas, ó presion sentida ordinariamente de dentro afuera como en la belladona.

B. Estado crónico.—Este estado sobreviene poco á poco, despues de una duracion variable, pero siempre larga, del período precedente. Entonces la astenia y la inmovilidad de los síntomas dominan, escepto algunas ocasiones en que la persistencia de la tos, ciertos dolores y el estreñimiento reproducen la irritabilidad y el eretismo.

La cara, sin embargo, está pálida, hinchada,102 con una espresion enfermiza; la menor emocion, el trabajo mental y el de la digestion congestionan el cerebro con calor y sensacion particular de tension.

La piel está pálida y ha perdido su tonicidad; todos los síntomas que se observan, anuncian una tendencia á la descomposicion: los ardores y punzadas agudas, las vesículas llenas de serosidad acre y quemante, los granos que pican y escuecen despues de rascarse, dejan escoriaciones rebeldes para curarse; las erupciones miliares, las rubicundeces escarlatinosas, así como los equímosis ó eritemas pasivos, las escoriaciones entre las piernas, los granos forunculosos, los orzuelos, hinchazon y esfoliacion de los dedos, las grietas de los labios, de las manos, que se ponen tumefactas cuando se las deja colgantes: estos fenómenos de estancacion de los líquidos en tejidos debilitados son propios del carbonato de amoníaco.

Sus dolores espresan la naturaleza de su accion: hay por lo tanto diversas sensaciones y modificaciones funcionales.

En la cabeza, los dolores no son agudos, pero sí tenaces, pasivos, vertiginosos, con náuseas, punzadas rápidas, sensacion de vacuidad ó de escoriacion, síntoma que se repite en otros órganos, tanto al interior como al esterior: la sensibilidad del cuero cabelludo está aumentada, pero por un simple predominio de la nerviosidad sobre la sangre; el infarto, si le hay, es reemplazado por los jugos linfáticos y serosos, y el tejido se debilita y los cabellos se caen.

La odontalgia se alivia por la aplicacion de paños calientes, y se agrava por la presion de los dientes de ambas mandíbulas; el dolor pasa por todos los grados, desde la sensacion de dentera como por ácidos, hasta violentas dislaceraciones. Las encías están encendidas103 ó pálidas, el epitelio corroido; sangran fácilmente.

El sistema muscular no ofrece particularidades notables; las punzadas y las sensaciones de contusion, de pesadez, de quebrantamiento, de cansancio y de frio, los calambres ligeros, las contracturas y la debilidad muscular, manifiestan tambien el aniquilamiento de la vitalidad, espresado por los estremecimientos musculares, los hormigueos, los adormecimientos parciales y momentáneos, por una debilidad muy grande y el marasmo.

Los ojos no presentan rasgos de inflamacion franca, pero sí una turgencia humoral subaguda que ya hemos indicado anteriormente hablando del estado de las mucosas en la fiebre.

Se observa la fotofobia por la mañana á la primera impresion de la luz, y ya se sabe que la fotofobia se manifiesta con frecuencia bajo la influencia de medicamentos eminentemente asténicos; así como la debilidad de la vista, el pestañeo y estremecimiento de los párpados, y nieblecillas que parecen revolotear en el campo de la vision.

En el oido hay ruidos imaginarios, sensaciones como de golpes, y zumbidos con disecea. La nariz, aparte de las diferencias dependientes de la disposicion de las partes, no ofrece otros síntomas que los demás órganos, si no es el flujo de un líquido acre y mas abundante, y de algunos granos forunculosos.

La palidez de la piel cuando no es habitual, ofrece variaciones inherentes á la accion del medicamento sobre los sistemas sanguíneo y nervioso en general; se nota comunmente una hinchazon que es la del tejido celular de los miembros, y los rasgos de la cara espresan el sufrimiento.

Los granos, las vesículas escocientes sobre los labios y sus comisuras, las grietas y costras en los mismos puntos, reunidas á los síntomas análogos ya indicados en las mucosas y la piel, son de gran valor en las fiebres y en los estados mucosos febriles, subagudos, diferenciando á este medicamento de otros que no provocan esos fenómenos sino despues de la fiebre, en la convalecencia, como una crísis.

Entre los síntomas que suministra el estómago, se notan, entre otros del estado agudo y que simulan la gastritis mucosa y la saburra gástrica, numerosos fenómenos de gastroses, cuyo cuadro es el siguiente: disgusto, náuseas y hambre hasta canina, el trabajo de la digestion fatiga muchísimo, hay pesadez, incomodidades y endolorimiento del estómago, vómitos, sensacion de vacío, flatuosidades, algunas veces corrosion, sensacion de frio y ardores con abatimiento.

Los síntomas de las sales de amoníaco nos presentan tambien el cuadro de enteritis crónicas, de infartos hepáticos, de diversas afecciones de los órganos abdominales, como se ve por estos síntomas: dolores tensivos y compresivos, punzadas, sensacion de plenitud, de borborigmos, de constriccion, dolores cólicos, flatuosidades, gases abundantes, tumor herniario, diarrea, hemorróides.

Apenas se observa turgencia en la mucosa de los órganos génito-urinarios. Su estado, bajo la influencia de este medicamento, es la astenia con ó sin obstruccion de la mucosa.

Las mismas disposiciones presentan los órganos de las funciones sexuales y partes adyacentes. Si hay deseos venéreos, los órganos no corresponden, y si se escitan los deseos, no existen; la debilidad general produce este estado, y la grande agitacion de la sangre provocada por el cóito lo demuestra igualmente, así como los timbres producidos por simples deseos venéreos.

Se manifiestan poluciones frecuentes, dolores, y el descenso de los testículos en el hombre; en cuanto á la mujer, pruritos en la vulva, ardores, escoriaciones, leucorreas blancas, acuosas, abundantes, generalmente acres; la sangre menstrual es descolorida, pobre en fibrina, acre y escoriante; reglas anticipadas, copiosas, precedidas de violentos dolores de vientre y acompañadas de varias incomodidades, tales como odontalgia, tristeza, grande abatimiento, bostezos y estremada sensibilidad al frio.

§ III.—Efectos terapéuticos.

Estos diversos grupos de síntomas dan á conocer suficientemente la utilidad de este medicamento en muchas afecciones de personas de constitucion floja, mas ó menos linfáticas, debilitadas hace mucho tiempo ó bien que aun conservan lozanía. Son poco impresionables, tienen una vida mas material que intelectual, y las fuerzas musculares no están en relacion con las apariencias de su salud.

Las afecciones agudas propias de las sales de amoníaco se hallan reducidas al círculo de la fiebre mucosa y de las irritaciones de esta membrana, cuando tienen una influencia importante.

La fiebre es remitente ó intermitente; el coriza, la bronquitis y las subinflamaciones de las membranas mucosas, especialmente en el período de la hipersecrecion ó relajacion, son propias de este medicamento.

En iguales casos, no es raro que haya recidivas; los sujetos tienen análogas indisposiciones y las contraen fácilmente al aire frio y con la humedad; tampoco es raro que la mayor parte de las mucosas se afecten simultáneamente, ó que se desenvuelvan106 en diferentes puntos movimientos fluxionarios y que la afeccion se estienda á las membranas serosas.

Las sales de amoníaco son muy eficaces en corizas con ozena, en ciertas irritaciones de estómago con astenia, en algunas cefalalgias crónicas unidas á corizas, en varios casos de hidrotorax y de pleuresía crónicos, en diversas bronquitis antiguas con flegmorragias complicadas con padecimientos asmáticos; en vaginitis rebeldes, leucorreas irritativas y otras afecciones de este género, cuando los síntomas generales y aun los locales armonizan con los del medicamento, principalmente si la piel está pálida, terrosa, fácil á escoriarse, hinchada y aun edematosa; cuando las orinas son abundantes, las secreciones mucosas exageradas, que hay epistaxis, hemoptísis, flujos hemorroidales poco abundantes, con atonía de las mucosas que están infartadas y aun momentáneamente irritadas.

Estas sales son tambien eficaces en los infartos glandulares, linfáticos, precedidos de dolores erráticos y reumáticos, en la miliar crónica con prurito y ardor, en el herpes furfuráceo pruritoso, en diversos dolores musculares y artríticos, con caquexia, adormecimiento, pesadez, temblor y grande debilidad en los órganos de la vida de relacion.

El tic doloroso de la cara puede ser, en ciertos casos, propio de este medicamento. Pero no podemos admitir, como se hace en muchos Manuales, la eficacia del carbonato de amoníaco en un estado tifoídeo cualquiera ó simplemente inflamatorio.

La dismenorrea, que este medicamento cura, es un simple accidente del estado general, del que se han de sacar las indicaciones terapéuticas, entre las que se halla la de la esterilidad por atonía uterina, como sucede en el raquitismo y las escrófulas.

Como medicamento adaptado al estado general es como se puede sacar partido de él en la gota, de la cual tiene algunos de sus síntomas, como picotazos, punzadas, dislaceraciones en el dedo gordo del pié, estremecimientos, hormigueos, dolor quemante, tumefaccion dolorosa y roja en el dedo gordo del pié. La amaurosis y el bocio no entran en su esfera de accion sino por circunstancias del estado general.

Las verrugas y vegetaciones, de cualquier género que sean, solo reclaman el uso de este medicamento como condiciones de afeccion de nutricion y de debilidad de la actividad orgánica.

Algunos médicos le han aconsejado en la diabetes, enfermedad poco conocida y contra la que pocos medicamentos están indicados como curativos, y sí solo como paliativos.

Ningun hecho clínico, ninguna indicacion sintomatológica puede invocarse en favor de esta pretension, como no sea la abundancia de las orinas y su calidad física, pero no química y el estado de caquexia. Esto no obstante, en tales circunstancias puede ser útil.

Dósis.—Las tres primeras atenuaciones en trituracion, á la dósis de algunos centígramos varias veces al dia, hasta un gramo en veinticuatro horas, son las dósis y las preparaciones mas simples y convenientes en los estados crónico y anémico. Es preciso limitarse á una de las atenuaciones superiores, la sesta, por ejemplo, en algunos casos mas ó menos agudos con grande susceptibilidad.

La tercera trituracion es frecuentemente preferible en las afecciones febriles subagudas: se dan cinco centígramos por hora. La digital debe preceder en su uso en las fiebres saburrales ó mucoso-gástricas, con lentitud del pulso al principio.

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Fuente: Tratado metódico y practico de materia médica y de terapéutica. Fundado en la ley de los semejantes. Por a. Espanet. Traducido al español por d. Pio hernandez y espeso. Médico homeópata. The Project Gutenberg.

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