Guía: agua no es agua

El agua que bebemos

Existe una gran variedad de aguas. Es importante saber cuales son las indicaciones o beneficios de cada tipo y si realmente existe diferencia cualitativa.

El agua es un elemento fundamental para la vida pues nosotros mismos estamos hechos, en gran medida, de la misma y debemos reponerla para un correcto funcionamiento del organismo.

Por ello, a diario debemos recuperar unos dos litros y medio de agua, bien sea a través de los alimentos (las frutas y verduras alcanzan entre el 80-95% de su peso en agua) o de los líquidos que bebemos.

A medida que envejecemos aumenta la necesidad de ingerir agua; no obstante, debemos tener en cuenta que su ingesta debe ser consecuente teniendo en cuenta nuestra edad, trabajo y época del año (lógicamente, a mayor calor y esfuerzo, mayor transpiración y necesidad de restauración hídrica).

Es necesario tener en cuenta que beber hasta tres o más litros de agua al día puede traer graves consecuencias pues, por ejemplo, las concentraciones de algunos minerales como el potasio, el calcio o el fósforo pueden verse diluidas, además de producir una condensación de las grasas (dificultando así nuestro plan para deshacernos de ellas si queremos adelgazar) y fatiga en los riñones.

FUNCIÓN Y BENEFICIOS DEL AGUA EN EL CUERPO

Aunque pueda parecer increíble, el agua es una fuente de ingredientes nutritivos y de electrolitos en disolución que no engorda y que ayuda a humedecer y nutrir nuestro cuerpo, siendo un medio de transporte de información valiosísimo y llevando a cabo una importante labor en la regulación de la temperatura corporal.

Además, gracias al agua podemos digerir y evacuar los alimentos que consumimos, facilitando también el trabajo de excreción del calcio en los riñones para evitar que se formen cálculos renales o piedras en el riñón.

También…

  • Lubrica las articulaciones.
  • Mejora el aspecto y salud de la piel, evitando la aparición de arrugas, flaccidez y envejecimiento prematuro.
  • Favorece el correcto funcionamiento de las glándulas lagrimales, evitando el síndrome del ojo seco.
  • Regula la temperatura del cuerpo mediante el sudor.
  • Si se bebe tibia facilita la digestión, la estimulación el colon y de otras funciones orgánicas.
  • Tiene propiedades curativas (siempre que sea mineral) que ayudan a la eliminación de toxinas, la activación de la circulación y la estimulación de la actividad digestiva e intestinal.
  • Reduce el riesgo de padecer cistitis y ayuda a expulsar las bacterias de la vejiga.
  • Tiene efecto diurético.

PERO… ¿QUÉ AGUA BEBES?

El agua de la red pública muchas veces nos parece una buena opción pues su tratamiento con cloro asegura que estará libre de agentes patógenos aunque, precisamente por dicho tratamiento, la desinfección será notable pero no su alto contenido en cal, sales minerales y nitritos que pueden desbordar a nuestros riñones por el elevado esfuerzo de depuración que suponen.

Así pues, si el agua que bebemos no tiene la calidad suficiente nuestros procesos metabólicos pueden verse alterados por sustancias tóxicas y minerales inorgánicos no asimilables.

Hay algunos métodos que nos pueden permitir mejorar la calidad del agua gracias a la reducción de las sustancias químicas que transporta:

  1. La destilación: mejora la calidad y el sabor como resultado de la vaporización del agua por el calor de una resistencia eléctrica y una precipitación por condensación al enfriarla. Puede considerarse agua limpia pues no lleva minerales inorgánicos no asimilables pero tampoco lleva los minerales necesarios que solemos obtener de los alimentos y el agua.
  2. La ósmosis inversa: también mejora el sabor y la calidad pues reduce en cierta medida las sustancias químicas del agua (cloro, nitratos, pesticidas, herbicidas, arsénico, flúor, plomo, mercurio, asbesto, atrazina, benceno, tricloroetileno, etc) reteniendo la mayor parte de las sales disueltas en la misma. Es una buena opción si no fuera porque desperdicia un elevado porcentaje de agua para realizar el proceso (a no ser que se habilite un sistema de recuperación y el agua desechada se emplee para la limpieza o el riego).
  3. Agua imantada: sometida a la acción de un imán el agua mejora y reduce su sabor a cloro y flúor. Está demostrado que la llamada agua imantada produce efectos favorables si se consume de forma regular: efecto calmante, reduce el estrés y la tensión muscular, mejora la hipertensión y el ritmo cardiaco, las cefaleas, los procesos digestivos mediante la regulación del pH del organismo, ayuda en los trastornos renales, aporta vitalidad, mejora los episodios de gota, etc.

TIPOS DE AGUAS RECOMENDADAS

La recomendación básica para el consumo de agua es la de baja mineralización.

No obstante, en el mercado existe una gran variedad de aguas y es importante que sepamos cuales son las indicaciones o beneficios de cada tipo y si realmente existe diferencia calitativa entre las mismas y la de la red de abastecimiento público.

Además, es importante tener en cuenta otras consideraciones como la cercanía de la procedencia del agua en relación a la situación de nuestro hogar (para valorar un menor impacto ambiental y evitar el riesgo de contaminación en el transporte) y la forma de extracción y envasado (las botellas plásticas con menos riesgo son las de los Tipos 2, 4 y 5, no se deben reutilizar las botellas PET Tipo 1 ni utilizar las Tipo 3 -desprenden BPA y ftalatos-, Tipo 6 -desprenden estireno- ni Tipo 7 -desprenden BPA-).

  • Aguas hiposódicas diuréticas: contienen menos de 20 mg/l de sodio y favorecen el control de la hipertensión, los trastornos cardiacos y los problemas renales y de retención de líquidos.
  • Aguas de mineralización débil: contienen un nivel de calcio inferior a 150 mg/l y menos de 50 mg/l de magnesio por lo que es el agua ideal para niños y adultos, sobretodo en casos de dificultades renales (en las que cifras superiores de calcio y magnesio producen sobrecarga renal).
  • Aguas ferruginosas: con más de 1 mg/l de hierro se usa en casos de anemia, lasitud digestiva, obesidad y reumatismos.
  • Aguas bicarbonatadas: contienen más de 600 mg/l de bicarbonatos y tienen efectos equilibrantes de la secreción gástrica, favoreciendo la digestión y control de los problemas hepáticos o de vesícula.
  • Aguas sulfatadas: con más de 200 mg/l de sulfatos y un sabor muy amargo, se recomienda para mejoras en la piel y el aparato digestivo.
  • Aguas cloruradas: contienen más de 200 mg/l de cloruro que elevan los recuentos de glóbulos rojos.
  • Aguas sódicas: complemento en dietas pobres en sodio (con menos de 20 mg/l de sodio) pues interviene sobre los impulsos nerviosos, la contracción muscular y la absorción de nutrientes por las membranas celulares.
  • Aguas cálcicas: contienen más de 150 mg/l de calcio y, aunque una ingesta elevada de calcio pueda ser perjudicial, es imprescindible para el correcto equilibrio nervioso y del ritmo cardiaco.
  • Aguas magnésicas: con más de 50 mg/l de magnesio, están indicadas en caso de estrés físico o mental pues tiene un efecto vigorizante y relajante.
  • Agua mineral gasificada: se usa en casos de digestiones pesadas o dispepsia pues contiene ácido carbónico que estimula la secreción de jugos gástricos, facilitando la digestión.

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Raquel Cabalga – Autora, Naturópata y Coach
Internet: Raquel Cabalga

 

Foto: Roberto Verzo.



Publicado en: Adelgazar

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