El aceite de pescado: Omega 3

Omega 3 Salmon

El pescado graso (el azul) cuenta con un tipo de aceite llamado Omega 3, capaz de mejorar nuestra salud, ayudándonos a mantener una buena predisposición cardiovascular.

Existe un largo listado de investigaciones científicas que avalan el papel beneficioso del pescado en la dieta diaria.

No existen dudas sobre la evidencia de que las personas que comen mucho pescado poseen un riesgo menor de padecer afecciones cardiacas.

Triglicéridos

Durante décadas los científicos se han extrañado de que los esquimales presentaran un estado tan saludable respecto a lo que se refiere a las enfermedades del corazón (en comparación al resto de la población); esa ventaja se atribuía al hecho de que su sangre contenía un índice muy bajo de colesterol y triglicéridos.

Los triglicéridos son grasas que se encuentran en la sangre y su acusada presencia puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades como la arteoesclerosis. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿por qué esos índices tan bajos de triglicéridos?

Omega 3

La respuesta a esta cuestión es muy simple: una dieta basada en el pescado (especialmente el azul como, por ejemplo, las sardinas, el salmón o la caballa) favorece la presencia de los beneficiosos ácidos grasos poliinsaturados llamados Omega 3. Partiendo de este descubrimiento, investigadores de todo el mundo han confirmado que estos ácidos grasos Omega 3 son beneficiosos para el corazón y disminuyen la inflamación (por esto último mejoran patologías como la artritis, el asma o la colitis ulcerosa).

Pese a conocer dicho secreto, no siempre podemos incluir en nuestra dieta diaria las dosis recomendadas de pescado.

Fitoterapia

Aquí es donde entra en juego la fitoterapia y la posibilidad de añadir a nuestra alimentación un suplemento nutricional como el aceite de pescado (pero siempre que cumpla estrictas medidas de pureza y calidad).

Antes de comprar este suplemento deberíamos estudiar bien la amplia gama de aceites de pescado que existe en el mercado (bajo el nombre de aceite de pescado, aceite de salmón, aceite de hígado de salmón, ácidos grasos Omega 3…) pues hay que dar prioridad a la calidad y a la absorción sobre cualquier otro aspecto como podría ser la marca, su publicidad o el precio.

Esta advertencia responde a la necesidad de consumir suplementos de Omega 3 que presenten una buena biodisponibilidad, es decir, que respondan de forma proporcional nutricionalmente respecto a lo que nuestro organismo llegue a absorver de los mismos, teniendo en cuenta las cantidades que utilizamos para las funciones corporales normales.

Cabe destacar, además, que si estos suplementos reúnen los requisitos mencionados de forma precedente, podrán ser tomados por ambos sexos de cualquier edad, incluyendo a ancianos y niños.

Más beneficios

En adición, sus beneficios no tienen exclusividad sobre el aspecto cardiovascular (control de los niveles altos de colesterol y triglicéridos -y consecuentemente control anti trombótico y de la hipertensión-, prevención de afecciones cardiacas…) sino también en la mejora de cuestiones dermatológicas (como el acné, la psoriasis, el envejecimiento prematuro o los problemas de uñas y pelo y las quemaduras), prevención del cáncer, síndrome del ojo seco, resfriados, osteoporosis, nacimientos prematuros, problemas articulares, mala visión, mala memoria y/o concentración, gota, enfermedades como el Alzheimer o el desorden de déficit de atención ADD y ADHD, la depresión, la demencia, el autismo, desorden bipolar, disfunción cognoscitiva y endotelial, asma, comportamiento antisocial…

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Raquel Cabalga – Autora, Naturópata y Coach
Internet: Raquel Cabalga

 

Foto: AER Wilmington.



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