Belladonna – Atropa Belladonna – Belladona – Materia médica

§ I.—Historia. Planta de la familia de las solanáceas, de Jussieu, y de la pentandria monoginia, de Linneo. Al principio de este siglo la belladona estaba casi olvidada, á pesar de la importancia que se la habia dado en la terapéutica.

Su poderosa accion fué el motivo que desvió á los médicos de usarla, por no ocurrírseles el atenuar sus dósis. Se limitaba su uso á enfermedades graves y rebeldes, «á aquellas, dice Ratier, que exigian recursos farmacológicos usuales.»

Sin embargo, algunos médicos ingleses y alemanes, Himly, Greding, Holbrook, Will, Blacket, Herber, Munch, Hufeland, y los franceses Ibrélisle, Andrey, Giraudy, Sage, Pauquy, Méglin, Lisfranc, Chaussier, Cruveilhier, publicaron cada uno multitud de observaciones interesantes sobre las diversas propiedades de esta maravillosa solanácea, cuando el R. P. Debreyne se esforzó en reunir todos estos trabajos, resumiéndolos de una manera tan ambigua como incompleta, en su monografía sobre la belladona.

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Muchas escuelas solo han considerado á la belladona como un hipostenizante vascular. Uno de nuestros terapéuticos modernos esplica su virtud preservativa de la escarlatina por el narcotismo.

Merat y Delens solo han mencionado una de las menos interesantes observaciones de Hahnemann sobre sus propiedades; nosotros queremos ser justos y verídicos atribuyendo á este último el movimiento que llamó la atencion de todos sobre este poderoso agente terapéutico.

La profilaxis, la preservacion de enfermedades por débiles dósis de medicamento, es una conquista reciente de la ciencia, y la posteridad reconocerá á Hahnemann por su autor, no solo por sus observaciones sobre la profilaxis de la escarlatina sino por los principios que sentó, y por la práctica de los inspirados en la de Hahnemann.

La profilaxis, en efecto, no se limita á la escarlatina; comprende enfermedades hereditarias, un buen número de agudas, y hasta el cólera.

Esto es lo que multitud de hechos permiten hoy confirmar, y lo que armoniza perfectamente con los datos que resultan de las modificaciones fisiológicas y terapéuticas del organismo por la influencia de agentes morbosos ó medicinales.

Es posible modificar la vitalidad y sus condiciones fisiológicas en un sentido que hace imposible el desarrollo de una enfermedad, es decir, la modificacion patológica del organismo. Ya recogerémos sobre esto materiales para utilizarlos algun dia si Dios quiere.

§ II.—Generalidades.

Los síntomas recogidos en los casos de intoxicacion y en las esperiencias sobre el hombre sano, están perfectamente acordes para asignar á la belladona una accion electiva sobre el encéfalo, y por consiguiente sobre los sistemas sanguíneo y linfático, como lo prueban por otra parte los hechos clínicos.

La belladona tiene una grande analogía de accion con el acónito, si bien la primera obra directamente sobre el sistema nervioso, é indirectamente sobre el sanguíneo; su accion es igualmente espansiva de dentro afuera.

Mas, como ya dejamos dicho, y el lector lo confirmará frecuentemente por sí mismo, toda accion espansiva supone otra de concentracion equivalente en el medicamento que la provoca, pero en cierta época de la duracion de su accion y en cierto grado de su intensidad.

Los dos puntos estremos de esta accion, sus dos polos, son los centros nerviosos y sus irradiaciones á las superficies interna y esterna; de aquí nace la influencia directa de la belladona, ya sobre los centros nerviosos y sanguíneos, ya sobre la piel y las mucosas, hasta el punto que se ha podido muy bien decir, que uno de los efectos fundamentales de este medicamento era un éstasis sanguíneo en la red capilar. Bajo todos los puntos de vista, su esfera de accion es inmensa.

Por su accion espansiva y por su electividad sobre el encéfalo, la belladona se adapta con preferencia á la infancia, á las constituciones linfáticas, á los jóvenes y personas en las que la piel goza aun de grande permeabilidad, y el sistema circulatorio de grande energía.

Tambien las constituciones secas y nerviosas, en las que las membranas mucosas tienen, á espensas de la superficie cutánea, mayor suma de actividad y de hiperemia, son igualmente del dominio de la belladona.

Esta se adapta tanto mas á una enfermedad dada, cuanto mas manifiesta es la afeccion encefálica, punto de partida de la dolencia, su carácter es mas congestivo, y la persona enferma tiene un cerebro física y psíquicamente mas desarrollado.

La belladona es uno de los medicamentos, en el que es mas difícil determinar sus dósis. Es verdad que el principio general que indica que las mas bajas sean para las enfermedades agudas, es aplicable á la belladona; pero tambien lo es, que ningun medicamento tiene tanta necesidad como este de las variadas dósis de toda la escala posológica.

Se la ha visto despertar afecciones simpáticas latentes, suscitar neuralgias, provocar congestiones, y desarrollar rubicundeces en la piel; y esta consideracion la ha valido, en concepto de algunos médicos, el que se la deba contar entre los medicamentos aptos para combatir las enfermedades crónicas y los herpes aun bajo sus formas mas degeneradas.

Bien se puede decir que su accion sobre la piel es mas aguda que crónica, y que corresponde á los exantemas escrofulosos y á las lesiones de tejido con hiperemia. El carbonato de cal es el medicamento mas análogo á belladona en estas especies de afecciones; el grafito y la staphisagria lo son mas en su accion crónica.

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Creemos conveniente omitir la multitud de puntos de contacto y analogía entre la belladona y otros medicamentos, por no ser difusos; pero sí indicarémos, que, alternada con algunos otros, como el acónito ó el mercurio por ejemplo, es útil todos los dias y produce resultados incontestables.

El vino y el café son los antídotos generales de la belladona; pero es necesario, en fin, combatir sus síntomas especiales con sustancias de efectos análogos.

Desde la primera impresion del medicamento en la economía, hasta lo mas completo é intenso de su accion, se observan, como en todos los policrestos, estados tan distintos, que permiten dividir los efectos en períodos, prodrómico, agudo, sobreagudo, crónico, y formar grupos que representan diversas afecciones morbosas; pero en este medicamento hemos preferido variar la manera de estudiarle y adoptar otro género de esposicion.

Primeramente, sin embargo, vamos á dar una idea general de los efectos de la belladona, enumerando los de su principio activo, la atropina: dilatacion é inmovilidad de la pupila, alteracion de la vision, somnolencia y ofuscacion de las ideas, alucinaciones de la vision, anestesia, sequedad de la boca y de la garganta, pérdida del apetito, palabra difícil, delirio, disfagia, rubicundez de la piel, pesadez y temblor paralítico.

Estos síntomas en conjunto pertenecen al sistema cérebro-espinal; al cerebro primero, y despues á la parte que este preside en el sentido de la vista, en el pensamiento y la locucion; á la médula espinal, en la parte que esta tiene en las fibras radiadas del íris, en los constrictores de la faringe y los esfínteres, y en fin, sobre los músculos de relacion.

Por medio de la médula espinal, obra poderosamente la belladona en el corazon y los capilares, siendo por lo mismo uno de los principales medicamentos piréticos; y la plenitud, tension de la arteria, prontitud y vivacidad de las pulsaciones, constituyen uno de los caractéres esenciales de su indicacion en las fiebres, aun cuando la postracion se haya estendido al sistema muscular.

El pulso miserable y filiforme no impide que la belladona juegue en el último período de las fiebres y de las afecciones graves; pero es preciso en estos casos que haya toda la semejanza posible entre sus efectos sobre el sistema nervioso y la piel. Hé aquí pues los datos prácticos esenciales.

§ III.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema nervioso.

A grandes dósis, la belladona escita los sistemas nervioso y sanguíneo; y á mayores aun, debilita primero y paraliza despues los movimientos orgánicos, por lo cual la escuela italiana la ha atribuido una accion hipostenizante.

Pero en estos efectos estremos, en esta accion tóxica de la belladona, solo se puede observar la menor parte de su valor terapéutico revelado por las débiles dósis.

Con estas, que podriamos llamar especiales, este medicamento desenvuelve un gran número de modificaciones de la sensibilidad y de la contractilidad, modificaciones que constituyen á la belladona en un agente terapéutico precioso y especial.

Se observan dolores variados: unas veces consisten en una exaltacion de la sensibilidad que hace insoportable la menor presion; otras son neuralgias de formas diversas que espresan toda especie de dolores, desde los mas agudos hasta el adormecimiento.

Los dolores de la belladona están acompañados ordinariamente de un elemento espasmódico; de contracciones, estremecimientos, sacudidas, pinchazos; se agravan hácia el fin del dia y por la noche; el contacto y el movimiento les agravan tambien por lo que tienen de congestivo.

Sus calambres, sus espasmos, sus convulsiones, no afectan mas que los órganos de la vida de relacion, las fibras musculares que obedecen al encéfalo. Ni el corazon, ni las paredes de los intestinos sufren directamente su accion, porque su punto de partida y de eleccion está en el cerebro y no en el sistema nervioso ganglionar, en lo cual difiere del carbonato de cal, del arsénico é ipecacuana, que obran sobre el último, y de la misma nuez vómica, que se refiere á la médula oblongada.

Los fenómenos nerviosos de la belladona son indirectos ó directos, segun que se presentan en la periferia, ó que se limitan á los centros.

Se dividen en dos órdenes: 1.º síntomas nerviosos activos que dependen de una afeccion primitiva esencial del cerebro ó de los nervios; 2.º síntomas nerviosos que dependen de una alteracion de los órganos ó de su estímulo, y que son pasivos ó secundarios, como hemos indicado para el acónito.

Los fenómenos nerviosos atáxicos de las fiebres graves, con los que las virtudes de la belladona tienen relacion terapéutica, son de este número.

Consignamos por tanto, que los síntomas atáxicos en cuestion no dependen realmente de la escitacion sanguínea y del delirio activo, sino del último grado de la congestion cerebral, y que, en fin, la ataxia propiamente dicha no es tan propia de la belladona como de otros medicamentos, pues sus fenómenos mas graves están siempre acompañados de congestion y se observa en ellos el predominio de la accion del cerebro sobre la de la médula espinal y los nervios de la vida orgánica.

Una de las diferencias notables entre el acónito y la belladona, recomendada infundadamente en los síntomas prodrómicos de las fiebres, consiste en que el acónito por su impresion inicial mas fija sobre el sistema nervioso ganglionar, es mas apto para combatir los prodromos que la belladona, cuya accion sobre el encéfalo es mas directa: bajo este punto de vista, la ipecacuana y el arsénico son igualmente preferibles.

Opinamos con Mr. Trousseau que no se debe establecer distincion entre las dósis fuertes de belladona administradas en la pasion ilíaca, la hernia estrangulada, el tétanos y las afecciones de este género, y las dósis muy débiles que se dan en estas mismas afecciones y en las incontinencias de orina, ciertas dismenorreas y algunos espasmos localizados; en el primer caso, se procura la relajacion de la fibra, no por el adormecimiento nervioso y la hipostenia, sino por la accion especial del medicamento como en el segundo caso.

A dósis débiles, y sin desarrollar síntomas accesorios, la belladona provoca y sostiene la dilatacion del orificio uterino, cuando este no se dilata suficientemente con los verdaderos dolores de parto; lo mismo sucede en algunos casos de dismenorrea con eretismo congestivo del útero, y en la incontinencia nocturna de los niños debida á la contraccion activa del esfínter de la vejiga.

Esta incontinencia cede mejor que la de los viejos debida á una causa opuesta y que requiere la nuez vómica. Por otra parte, cuando el elemento nervioso predomina en una afeccion espasmódica cualquiera, son preferibles á belladona, el beleño, la manzanilla, la ignacia.

Las afecciones histéricas y epilépticas se modifican felizmente con la belladona. Las dósis fuertes no hacen mas que retardar los accesos, mientras que las débiles obran de una manera mas duradera, lo cual es un hecho práctico. En muchos casos se agregan como auxiliares de la belladona, el carbonato de cal, la ignacia, el cobre, etc.

El asma con orgasmo arterial reclama con frecuencia belladona, así como tambien el asma tímico, el de Millar, la angina de pecho, la neuralgia celíaca, el cólico nefrítico, el corea ó baile de San Vito, si bien esta última afeccion exige mas principalmente la nuez vómica. P

ara que la belladona esté indicada en todas estas enfermedades, debe haber un elemento flogístico ó congestivo, un orgasmo del encéfalo, ya sintomático, ya como pars recipiens.

La eclampsia de las embarazadas y el ergotismo están en el mismo caso. Los espasmos, que, en general, se curan con belladona, ocupan con preferencia los músculos flexores y son precedidos de hormigueo.

La disnea constrictiva, producida por la belladona, ha sido la causa de emplearla con resultados ventajosos en la coqueluche; pero para usarla en esta afeccion, es preciso que el elemento espasmódico esté casi enteramente separado del inflamatorio, dirigiéndose antes á este último con acónito ó ipecacuana…..

En la coqueluche, además, es necesario á veces combatir la causa con la dulcamara ó el amoníaco….. si es catarral, ó con otros medicamentos en lo que ofrezca de particular, si es epidémica. ¿No hemos visto curarse con la cicuta y la ipecacuana la mayor parte de las coqueluches en su segundo período, que han reinado en uno de estos últimos años?

La bola histérica, la pirosis y la gastralgia son generalmente una misma afeccion, procedente de la alteracion de un mismo nervio. Al investigar la relacion de sucesion, se debe determinar primero, si es necesario preferir la belladona, al arsénico y á la nuez vómica.

Las neuralgias de la belladona son hiperémicas, es decir, que están acompañadas de un movimiento congestivo; que se presentan por la tarde, ó por lo menos que se agravan en este momento, así como tambien se aumentan por el tacto y el movimiento.

Es difícil apreciar si son mas bien lancinantes que dislacerantes ó de otra forma. Los efectos de muchos medicamentos nos ofrecen dolores análogos, bajo este punto de vista, á los de la belladona; pero el último carácter que puede servir para diferenciarla, es que las neuralgias propias de belladona se alivian por el frio.

Pero este carácter es propio tambien de las neuralgias del acónito; mientras que el del mercurio, nuez vómica y stafisagria, es el de mejorarse las neuralgias por el calor.

Esto es cuanto podemos decir sin detallar mas las hemicráneas, los tics dolorosos, los dolores reumáticos, las odontalgias….. Consignarémos sin embargo, que aun cuando la compresion y constriccion alivien los dolores intestinales, esto no contraindica la belladona.

Este medicamento, en fin, se emplea útilmente en algunos casos de parálisis de la cara, y aun en la parálisis247 mas ó menos general producida por la hemorragia cerebral, cuando hay afonía, diminucion de las funciones sensoriales, pérdida de movimiento y de sentimiento, salivacion y disfagia. Es pues uno de los medicamentos curativos y preservativos de la apoplejía.

En las enfermedades no febriles, el insomnio, que es análogo al que produce la belladona, depende del orgasmo cerebral con calor en la cara y en la frente.

El delirio, que está igualmente en relacion con los efectos de este medicamento, es alegre cuando es infebril, consistiendo mas bien en alucinaciones é ilusiones de los sentidos.

Los casos mas crónicos ofrecen el enflaquecimiento, la sequedad de la piel, el color amarillento y espasmos internos con una fiebrecilla con exacerbaciones nocturnas. El eretismo domina la escena, y las neuralgias se agregan frecuentemente á los espasmos.

§ IV.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema sanguíneo.

Siendo directa la accion de la belladona sobre el encéfalo, naturalmente sus fiebres y sus flogosis tienen un carácter nervioso que se podria definir por un eretismo sanguíneo; y si bien su accion irradia de los centros á la periferia, puede suceder que el sistema capilar sea el teatro principal de la enfermedad.

De aquí resulta que ni la palidez de la cara ó su turgencia, ni los espasmos, ó la resolucion de las fuerzas musculares, ni la impresionabilidad y las alucinaciones, ni la debilidad é insensibilidad, ni el furor ó la apatía, ni aun la misma contraccion de la pupila, ó su dilatacion, tomados aisladamente, pueden ser por sí mismos síntomas característicos de la belladona, sino en su órden de sucesion; la escitacion y los espasmos preceden siempre al abatimiento y la postracion.

Pero está siempre indicada por la relajacion pasiva de los esfínteres y por las evacuaciones involuntarias, cuando estos síntomas han sido precedidos de escitaciones.

La fiebre de la belladona, en su período de agudeza y de incremento, ofrece casi la misma regularidad que la de acónito; pero tiene una tension mas duradera, debida á la escitacion cerebral que parece como que comprime todos los conductos, y que frecuentemente produce un abundante sudor en la frente.

Mas tarde, los fenómenos nerviosos y la afeccion del cerebro la caracterizan eminentemente por el delirio activo, las constricciones dolorosas, en particular en la garganta, las rigideces, los espasmos aun tetánicos, la sensibilidad exagerada de los órganos de los sentidos, las alucinaciones, un pulso lleno y acelerado…..

Mas tarde aun, la piel se pone fria, pálida, seca, arrugada, el pulso muy pequeño, el delirio pasivo, la pupila contraida, el calor interno es molesto, las evacuaciones, en fin, son involuntarias.

Las fiebres exantemáticas que afectan la cabeza requieren belladona. Este es el medio curativo de la escarlatina lisa y tambien un preservativo del sarampion, de la erisipela que se estiende en circunferencia con tumefaccion roja, lustrosa, y generalmente con rubicundeces lisas en la piel.

La angina de la escarlatina es un indicante de la belladona como el carácter del exantema; tambien juega en otras fiebres en las que la garganta se inflama, á menos que el mercurio que la auxilia tantas veces, no deba administrársele primero. La observacion demuestra que todo exantema cuyos síntomas generales y febriles, no se alivien con la belladona, requiere otro medicamento.

Es indispensable en la agudeza de las fiebres mucosas y gástricas de las personas jóvenes y linfáticas, y siempre que las superficies mucosas esten flogoseadas con supresion de las secreciones, pulso desarrollado y exacerbacion de la fiebre al anochecer ó por la noche. Generalmente se unen síntomas congestivos en la cabeza.

Las indicaciones de la belladona en la fiebre tifoídea y en las fiebres nerviosas corresponden á un estado semejante. Cuando el sistema nervioso ganglionar está escitado por el profundo ataque de la inervacion visceral, este medicamento tiene una corta y momentánea indicacion, y se le debe sustituir por otro mas indicado.

Aun en este período de congestion aguda, se usa la belladona en la meningitis y en muchas inflamaciones con ó sin fiebre. Si despues, los tejidos se alteran en su testura ó en su secrecion, y se forman derrames, falsas membranas, é induraciones, otros deben ser los medios que se elijan para combatir estas alteraciones.

Los síntomas que indican la belladona en una fiebre intermitente, que no puede ser mas que cotidiana ó subcontinua, denotan que el cerebro y el corazon han tomado una participacion casi igual.

El dolor de cabeza es atroz y dilatante; hay delirio, visiones terribles, á veces alucinaciones deliciosas, y esta accion exagerada del cerebro prolonga el estadio del calor; los estadios se suceden con cierta irregularidad; el sudor suele presentarse despues del frio, y el calor terminar la fiebre, que generalmente es entonces subintrante ó subcontinua.

Para que semejantes fiebres requieran belladona deben presentar el carácter de un dolor circunscrito á la cabeza, un punto neurálgico desarrollado paulatinamente en medio de los accesos indeterminados al principio, y cuyo punto neurálgico persiste en la remision ó la apirexia. La belladona se adapta mas á personas sanguíneas, á los adultos y á los niños.

Los accesos se presentan hácia el anochecer. Está frecuentemente indicada en las caquexias palúdicas despues del abuso de la quina y sus sales, de las sales de hierro y aun del arsénico mismo.

La belladona es un recurso poderoso en las fiebres reumáticas caracterizadas por el eretismo y la escitacion cerebral, con tumefacciones rojas, fijas, con dolor lancinante y que se agrava hácia la noche y por la presion. En estos casos el dolor suele calmarse, pero no la tumefaccion.

La importancia de la belladona en el tratamiento de las hemorragias y de la apoplejía misma guarda un término medio entre el acónito y árnica; sus síntomas armonizan con la turgencia de la cara y su tumefaccion de un rojo oscuro, con los espasmos y las alucinaciones del oido y de la vista; corresponde á los prodromos de la hemorragia cerebral y al estado de turgencia y de congestion que son consiguientes.

En toda hemorragia en la que este medicamento es un agente curativo, hay un elemento pletórico ó congestivo por lo menos. La plétora del corazon y el síncope por aflujo de sangre reclaman algunas veces belladona; las palpitaciones son vivas y causan una especie de emocion en el pecho, con pesadez de la cabeza.

La dismenorrea espasmódica y las congestiones uterinas cesan á veces con este medicamento, si es que la nuez vómica, la pulsatila ó la ipecacuana, y aun la manzanilla, no están mejor indicadas.

Los síntomas que espresan la accion de la belladona sobre el cerebro son sus mejores indicantes, ya usada sola ó alternada con el acónito, en el delirio agudo, en la frenitis, y aun en el delirium tremens y en la manía, ya esencial, ya unida al histerismo, al estado puerperal ó en el corea, con tal que á los fenómenos congestivos se agreguen algunos de los efectos particulares de la belladona, tales como contraccion de la pupila, fotofobia, ambliopia, chispas en el campo de la vision, alucinaciones alegres, sed ardiente, afonía, tialismo ó boca seca, hidrofobia, disfagia, temblores musculares.

Se ha usado la belladona con buenos resultados en afecciones mentales de carácter asténico, y parece obrar mas directamente que otros medicamentos sobre el encéfalo en los desórdenes de las facultades mentales, modificando el orgasmo cerebral.

La belladona, en fin (para no repetirlo en el párrafo siguiente), se la ha empleado infundadamente en nuestros dias con mas frecuencia que el eléboro blanco, en el delirio crónico y la demencia. Se ha reconocido entre sus síntomas, fenómenos morales que la recomiendan en el suicidio maniático, y en el mismo por escrúpulos con fenómenos histéricos, llantos involuntarios y olvido de las personas mas queridas.

Las inflamaciones propias de belladona son profundas; ocupan el espesor de los órganos en los que hay punzadas y aun dolores, que tienen un carácter neurálgico. La brionia afecta mas las superficies cutáneas, mucosas y serosas. El mercurio se usa útilmente despues de belladona en las flegmasías subagudas.

Estos dos medicamentos se alternan ventajosamente en el hidrocéfalo agudo y en todas las inflamaciones de las membranas serosas, despues de acónito y antes de brionia.

La belladona se alterna igualmente con el mercurio, hasta en el período de las inflamaciones en que se altera la testura de los órganos y se efectúan derrames: este dato es aplicable á belladona en el tratamiento de las inflamaciones de los órganos parenquimatosos, de las glándulas, de las membranas mucosas, del tejido celular, del periostio mismo; se auxilia ó se completa la accion de belladona con los medicamentos convenientes al sitio, carácter y período de la inflamacion, porque esta solanácea solo conviene, por punto general, en el momento de la agudeza, en la violencia de la afeccion.

Debemos, sin embargo, consignar que en semejantes casos los síntomas mas notables por la gravedad, reclaman muchas veces el arsénico, como en la pericarditis, por ejemplo, cuando la ansiedad estremada, la sed ardiente, los dolores lancinantes y la dilatacion de las pupilas no ceden pronto á la accion de acónito ó belladona, si es que están indicados.

Cuando la metritis pasa á metro-peritonitis deben administrarse prontamente brionia, mercurio ó arsénico, en vez de belladona, para combatir los síntomas de una violenta concentracion en el bajo vientre, con grave reaccion sobre el cerebro y corazon.

La belladona y la pulsatila se disputan la preeminencia en el tratamiento de la otitis aguda, pero la primera se adapta mejor á la otitis interna; en cualquiera otra flegmasía la pulsatila se dirige á un período menos agudo de la afeccion.

Lo mismo sucede en la angina respecto al uso de belladona ó mercurio despues de acónito; el mercurio corresponde á un estado mas local y menos agudo.

La agudeza de las flegmasías esternas é internas propias de belladona carece de tendencia maligna y de fenómenos nerviosos graves, pudiendo elevarse hasta los síntomas siguientes: dolor vivo, tension, grande sensibilidad, síntomas generales nerviosos; cuando el tumor está situado al esterior, está caliente y la rubicundez no se circunscribe al mismo.

Una de las flegmasías en la que mas ventajosamente juega la belladona es la oftalmía con movimientos congestivos, dolores violentos, grande fotofobia, inyeccion rojo-oscura, aunque sea gonorréica, seca ó purulenta; el mercurio viene despues, como en los casos ordinarios.

La accion de la belladona en la pupila debe decidir á emplearla con fundamento en la retinitis y en la iritis. Es notable que la dilatacion del íris en esta última afeccion se presente despues del alivio de los síntomas inflamatorios.

Hemos hablado, en general, de la eficacia de la belladona en las flegmasías de las membranas mucosas, y ciertamente no hay una, aguda, en la que este medicamento no tenga su momento de oportunidad.

Pero en estas, como en cualquiera otra flegmasía, el estado subagudo y aun crónico está caracterizado por momentos de agravacion que, aunque menos agudos sus síntomas, se acomodan muy bien á belladona sola ó alternada con otros mas propios, para dar á los tejidos su tonicidad debilitada, como el borax, el carbonato de amoníaco, la quina y el azufre.

La vaginitis sin leucorrea, es decir, en su período crítico, es propia de belladona; pero la manifestacion del flujo la escluye, y requiere mas bien el mercurio.

La utilidad de la belladona es, sin embargo, incontestable en las metrorragias, los loquios escesivos y las leucorreas inflamatorias, cuando se observa plétora, sensacion de presion de arriba abajo con un movimiento de dilatacion del útero, como si fuera á salirse.

La belladona, por último, es con el acónito, la manzanilla, y el mercurio uno de los mas grandes antiflogísticos de la infancia, en la que las enfermedades presentan tantas veces la somnolencia, las convulsiones y la agravacion febril por la tarde y por la noche.

No mencionarémos enfermedad alguna en particular, pero recordarémos para terminar este párrafo la estremada pobreza que en antiflogísticos ha estado hasta ahora esa terapéutica, en la que los tratados ex-professo no dan como tales mas que el malvavisco y las bebidas acuosas, á pesar de que la ciencia proclama hace mucho tiempo, y en todas partes, medicamentos tan eficaces como estos, pero á dósis convenientes, segun el efecto que se desea.

§ V.—Efectos fisiológicos y terapéuticos en las afecciones del sistema linfático.

A propósito del uso de la belladona en las enfermedades crónicas, y mas generalmente en las afecciones de los tejidos y en las alteraciones plásticas y humorales, es necesario tener presente que toda escitacion prolongada conduce á la astenia y á cierta discrasia: la belladona, que en su accion sobre las esferas nerviosa y sanguínea produce fenómenos de escitacion que se elevan hasta la opresion de las fuerzas, tiende igualmente por la continuidad de su accion á un estado discrásico que conserva el carácter de su accion y de las diversas modificaciones de los tejidos.

Así, pues, aun cuando no se trata ahora de la agudeza y del orgasmo, ó de si estos estados solo son accidentales en las enfermedades crónicas, no por eso carece de eficacia la belladona en estas afecciones, ni deja de estar indicada por su estado diatésico.

En nuestro concepto, la accion de la belladona sobre el sistema linfático y sobre la plasticidad consiste en la influencia que este medicamento ejerce en la inervacion cérebro-espinal y en la circulacion, ataque é influencia que los hechos clínicos comprueban.

La escrófula necesita siempre de la belladona en distintas épocas de su duracion y en sus diversas formas. Al principio de esta, cuando se observa epistaxis, hinchazon de la nariz ó de los labios, eritemas, erisipelas habituales, anginas repetidas, oftalmías frecuentes, inflamaciones de vientre, linfatismo con plétoras parciales, ó bien enflaquecimiento continuo en medio de estos síntomas, haya ó no adenitis, la belladona puede emplearse sin perjuicio del mercurio, del azufre, del carbonato de cal, especialmente en los niños y los jóvenes.

Un estado un poco mas crónico, con mas flacidez en la piel, el aspecto mas enfermizo y con menos fenómenos congestivos, y menos recrudescencias flegmásicas, constituyen las indicaciones mas claras del aceite de hígado de bacalao.

Los infartos de los gánglios del cuello y de otras partes, ciertas hepatitis crónicas, el infarto linfático del útero y de su cuello, y la induracion de las glándulas, no pueden menos de requerir belladona, si hay eretismo, sequedad de la piel ó simplemente aumento de calor por la noche y la tarde, y agravacion á veces de los fenómenos inflamatorios locales.

La belladona tiene propiedades recomendables para tratar las úlceras corrosivas, el lupus vorax y las afecciones ulcerosas que suceden á las induraciones linfáticas, aun en el cuello del útero, lo cual ha hecho que se la recomiende en el cáncer de la matriz.

En todos estos casos los bordes están endurecidos, sensibles y rubicundos, y la rubicundez se estiende y desaparece gradualmente. El arsénico, el mercurio, el oro y el azufre….. son los auxiliares mas frecuentes.

Las periostitis y las inflamaciones de los huesos exigen la belladona entre otros medios curativos; y los mejores auxiliares de esta son: el mercurio, la plata, la asafétida, el carbonato de cal….; lo mismo sucede en el tratamiento de las luxaciones espontáneas del fémur, y en los tumores blancos articulares.

En todas estas lesiones no procedemos, como lo han hecho algunos terapeutistas, atribuyendo á la belladona una accion curativa especial y directa; solo vemos en ella un medio de destruir el orgasmo linfático, de disipar el eretismo, de modificar la induracion y la lesion, hasta tal punto, que la reduccion se simplifique, facilitando despues la curacion con medicamentos mas especiales.

La oftalmía escrofulosa no se cura sin belladona; la angioleucitis y la leucoflegmasía, así como tambien algunos derrames pleuríticos con orgasmo local, y varios accidentes ó formas de la clorosis, de la ascitis, y de los edemas renitentes, se modifican ventajosamente con este medicamento.

Corresponde belladona á todas las variedades del pénfigo de los niños, en su principio, pero sin olvidar que merecerá la preferencia la dulcamara, si las vesículas son simples, sin irritacion en la piel; que lo será el zumaque, si las vesículas están rodeadas de una auréola rosácea, y el azufre, ó el mezereum, cuando dejan una escoriacion con costra.

Está tambien indicada la belladona, aunque solo como auxiliar, en la pitiriasis con rubicundez, y en ciertas erupciones liquenóides, papulosas, eritematosas.

El lector, en fin, distinguirá fácilmente los casos de salivacion espontánea ó mercurial en los que conviene belladona, y suplirá con la ayuda de todos los caractéres de la accion de este medicamento las indicaciones que omitimos y ni aun designamos.

No queremos sin embargo dejar de mencionar la utilidad de la belladona en la hidrofobia, cuyos síntomas se ajustan tan exactamente á sus efectos fisiológicos; hablamos, es verdad, bajo la fé de otros, pero tambien lo es que consta de testimonios muy respetables.

El beleño, el estramonio y la cantárida participan igualmente, al parecer, de esta propiedad. Se ha empleado la belladona como preservativa de la rabia, y nosotros creemos tener hechos que lo prueban.

Há ya mucho tiempo que la primera de estas propiedades está reconocida; la segunda se deduce tan naturalmente, que es de admirar no se la haya utilizado fuera de la escuela hahnemanniana.

¿No ha indicado ya la esperiencia como medios preservativos del cólera, de la escarlatina y de ciertas fiebres, á los medicamentos que las curan? Fácil es, pues, presentir las numerosas conquistas que aun restan.

Dósis.—En general, las afecciones febriles y flegmásicas soportan mejor las primeras atenuaciones que las afecciones nerviosas; las neuralgias, sin embargo, son las que al parecer exigen el uso de una ó dos gotas, por ejemplo, de la primera atenuacion, ó varias de la misma tintura en agua.

Ultimamente, cuanto mayor sea la irritabilidad, mas débil debe ser la dósis, y aun pasar de la trigésima atenuacion, lo mismo en las fiebres que en las neuralgias.

Las enfermedades crónicas están en el mismo caso, cuando consisten principalmente en lesiones funcionales; y en muchas ocasiones, como en la de los espasmos de los esfínteres, es conveniente aumentar la dósis y recurrir aun á la tintura misma, pudiéndose emplear hasta veinte gotas en veinticuatro horas, usar tambien pomadas compuestas con belladona ó unturas con el estracto de la misma, loco dolenti, pudiéndose obrar del mismo modo en algunos infartos linfáticos.

Si se alterna con la belladona algun otro medicamento como el mercurio, es necesario elevar proporcionalmente las dósis de este, sin necesitarse casi nunca mas que las trituraciones dadas al interior.

Pocos medicamentos hay en los que sea mas necesario variar la potencia de las dósis en los diversos casos morbosos, que en la belladona, unas veces segun la naturaleza de la enfermedad, otras segun la impresionabilidad del enfermo, ó en fin, por la analogía mas ó menos perfecta entre la enfermedad y el medicamento.

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Fuente: Tratado metódico y practico de materia médica y de terapéutica. Fundado en la ley de los semejantes. Por a. Espanet. Traducido al español por d. Pio hernandez y espeso. Médico homeópata. The Project Gutenberg.

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