Alúmina – Alumina – Argilla – Materia médica

§ I.—Historia. Se estrae la alúmina del alumbre por medio del amoníaco segun los procedimientos indicados en la farmacopea. El precipitado obtenido es la alúmina pura, ú óxido de aluminio.

Este medicamento, desconocido hasta hace poco, ha sido empleado primeramente en Alemania.

Hahnemann hizo de él un objeto de sus estudios y le introdujo en la materia médica. Debemos sin embargo citar al profesor Ficinus, en Dresde, y á los doctores Wesse y Sciler que le han recomendado en las diarreas y disenterías rebeldes.

La mayor parte de los autores modernos guardan silencio sobre la alúmina, pero los que deseosos de seguir los progresos de la terapéutica, hacen mencion de este medicamento, están acordes sobre la naturaleza eminentemente crónica de su accion y de sus efectos mas especiales.

El doctor Teste está sobre esto muy esplícito, y los que dan á la alúmina alguna importancia en el tratamiento de las enfermedades agudas, solo han procedido por ideas teóricas.

Aislan los grupos de síntomas que demuestran alguna agudeza, de otros grupos á que están unidos y de los cuales dependen, y que revelan una lesion profunda de la vitalidad en el sentido de la atonía, así como una falta de plasticidad, en lo cual este medicamento es opuesto á la thuya y al carbonato de cal, cuya accion electiva se ejerce en la misma esfera, pero exagerando la fuerza plástica ó determinando su aberracion.

§ II.—Efectos fisiológicos.

La accion de la alúmina produce á la larga una diátesis asténica que no solo escluye el eretismo como elemento esencial, sino que le encadena y evita.

Los accidentes febriles que figuran en esta diátesis, solo son tendencias del organismo para proporcionar al sistema nervioso ganglionar el grado de actividad que ha perdido, porque la alúmina obra particularmente sobre este sistema, y sus estados febriles sugieren la idea de una fiebre lenta, especie de fiebre regeneradora que produce sus mas grandes modificaciones en la esfera vegetativa, en la plasticidad.

Los mismos dolores y los fenómenos de la sensibilidad ponen de manifiesto la afeccion del sistema nervioso de la vida de relacion, al no presentar los caractéres de la esencialidad, y al referirse en general á la afeccion de los órganos de la vida animal, resultando que no puede asignarse á ningun grupo de síntomas un estado agudo suficientemente caracterizado.

Este carácter de la alúmina emana del conjunto de sus síntomas y está además apoyado por la clínica.

Otro carácter que se debe consignar, es el que consiste en la disposicion particular de la piel á lesiones, que asténicas en un principio, no dejan de acompañarlas algunos fenómenos de irritacion, si bien estos aceleran el movimiento de descomposicion y no el de restauracion: esta exaltacion de la fuerza de descomposicion y de eliminacion quizá no sea debida mas que á el processus plástico, lo cual esplicaria tambien78 la falta de colecciones serosas, de exudaciones y de hipertrofias, entre los fenómenos atribuidos á la alúmina. En este sentido y bajo su influencia, es como se manifiestan las afecciones de las membranas mucosas.

Los fenómenos simpáticos generales son con principalidad nerviosos; la misma escitacion sanguínea está subordinada á aquellos, y estos fenómenos arrancan de un estado de debilidad y de discrasia correspondientes á las lesiones producidas por un vicio, como el herpetismo, que obra en la profundidad de los tejidos, sobre la vida vegetativa y sobre el conjunto de las membranas mucosas.

Lógico es pensar, y los hechos lo prueban superabundantemente, que los diversos vírus ó miasmas crónicos que atacan al organismo, afectan diversas formas en los distintos períodos de sus evoluciones, es decir, que se manifiestan en la piel, en los gánglios linfáticos y las glándulas, en los huesos y los órganos parenquimatosos, sobre las membranas mucosas y en las misteriosas vías de la nutricion; que vuelven á la piel ó á los órganos anteriormente afectados por ellos, modificándose en su espresion fenomenal; y que en estos diversos estados, bajo las diferentes formas, todos estos vírus ó miasmas, inclusa la misma sífilis, pueden merecer los epítetos de primario, secundario, terciario, quaternario, segun el aparato orgánico que afecten en una época dada de su marcha invasora.

Pero esta marcha es tanto mas oculta, y dificulta tanto mas conocer la causa del mal, cuanto mas se generaliza este por una propagacion creciente, y á medida que, partiendo de un órgano ó aparato orgánico determinado, penetra sucesivamente en todos, y concluye por fijarse, confundiéndose con los hábitos funcionales y vitales, con sus propiedades convertidas en menos refractarias ó vivas, pero no por eso menos perniciosas.

Combatido el organismo por tantas y tan funestas causas, puede sufrir distintas alteraciones que correspondan á la competencia de diversos medicamentos.

La alúmina reclama los casos en que no haya que deplorar lesiones orgánicas internas, sino los en que la vitalidad esté disminuida, y en los que falten ciertos materiales necesarios á la nutricion del sistema cutáneo y de sus accesorios; lo cual esplica el que la piel esté dispuesta á varias lesiones que tienden á estenderse por la carencia de jugos reparadores, y que las uñas sean frágiles y que los cabellos se sequen y se caigan.

Hay pocos medicamentos, cuyos síntomas morales exijan una apropiacion tan exacta á los de la enfermedad, y cuyo conjunto de síntomas mejor caracterice su accion general sobre la economía, como la alúmina.

Las facultades mentales están decaídas, la inteligencia apática, versátil; la memoria es débil, el humor variable, y con mas frecuencia importuno é irascible; muchas veces hay ansiedad ó indecision, que es el carácter moral de las personas que hace mucho tiempo padecen ó que están sometidas á la instabilidad de una salud cada dia mas alterada, y entregadas á las dudas de su restablecimiento.

Y si á pesar de sus temores exagerados, de su ineptitud á todo trabajo y de su decaimiento moral, hay á veces momentos lúcidos de actividad intelectual, es para hacer despues mas penosa su vuelta al estado anterior y para mas lamentarse de su impotencia.

Las funciones de la vision y de la audicion están en armonía con este estado, pues se observan alteraciones varias, debilidad de la vista, estremecimiento y centelleo en el campo de la vision; tendencia á llevarse80 la mano para separar moscas y telas blancas que revolotean; se ve un círculo alrededor de la luz, y los objetos aparecen amarillos; en el oido hay zumbidos, ruidos como de campanas, silbidos, ó de otra voz que no es la suya.

Entre los síntomas que confirman la influencia de la alúmina en el sistema circulatorio, es el de un frio interno que se espresa por calosfríos y que persiste á pesar del calor esterior, que generalmente es parcial y limitado á las estremidades, aunque en ocasiones recorre todo el cuerpo.

Los piés y manos están temblorosas y heladas, pero no azuladas; no hay sed, pero sí existe, como en todas las discrasias que alteran profundamente la economía, una gran sensibilidad al frio, frio que penosamente se corrige en la cama, pero que solo con esta circunstancia se mejora. Además, el movimiento aumenta el frio, y parece que cada esfuerzo obra disminuyendo la suma de fuerzas radicales.

No es raro que la reaccion se límite al desarrollo de calor en las estremidades y la cara con dolores congestivos en la cabeza, vértigos, palpitaciones, incomodidades y rubicundez oscura de las mejillas.

El calor y el orgasmo tampoco son generales, y los calosfríos alternan con el calor, el cual rara vez es universal, ni interno á la par que esterno; pero va acompañado de escitacion sanguínea y abatimiento, si bien no tiene constancia ni gran duracion y que la sed no se hace sentir.

Esta fiebre empieza ordinariamente por la tarde, durante el frio fisiológico de la digestion, y afecta el tipo tercianario.

Al asignar á esta fiebrecilla muchos síntomas del pecho y de las vísceras abdominales, se la aproxima naturalmente á la fiebre héctica, ó mas bien, á esa fiebre completamente nerviosa, remitente, cuya existencia escluye las lesiones orgánicas y que es el resultado de una discrasia generalmente herpética, de una caquexia que puede denominarse mucosa por el carácter particular que la dan las alteraciones de las membranas mucosas y la alteracion de los jugos escretados por ellas.

La falta de calor vital demuestra la debilidad orgánica y la poca actividad del processus plástico.

El sujeto es friolero, y tiene frio aun cuando en distintos sitios siente calor. La debilidad de la vista y del oido se observa en los otros sentidos, en particular en el del gusto; sus sensaciones varian mucho, pues esperimenta sabor amargo, ácre, dulzoso, mucoso, insípido; el apetito no es menos variable; hay repugnancia á los alimentos, y siente la necesidad de tomarlos, y aun hambre y vacuidad del estómago.

La mayor parte de las neuralgias son congestivas, pero en un organismo debilitado, en el que la sangre no está enérgicamente dirigida por la tonicidad de la fibra; la rubicundez limitada de la cara, en la que se reflejan los sufrimientos del sistema ganglionar, tiene el mismo orígen, y los capilares ejercen una influencia pasiva.

Los dolores vivos, aunque esten acompañados de calor y ardor, no tienen nada de inflamatorios.

En general, los dolores, las punzadas en la cabeza y otras partes aumentan en la accion de bajarse y de comer; y por una razon directamente opuesta á los mismos efectos que se observan en el acónito, la comida fatiga y el trabajo de la digestion altera la cabeza.

El calor de la cama alivia la mayor parte de los padecimientos, y, sin embargo, el aire libre produce buen efecto, porque en este estado la accion de uno y otro tiende á fortificar la fibra.

El simple contacto aumenta el dolor, y la presion fuerte le alivia, porque corrige momentáneamente la relajacion de los tejidos.

La menor cantidad de bebidas alcohólicas produce pesadez y enerva, y los alimentos escitantes hacen laboriosa la digestion.

En fin, á los dolores sucede pronto el abatimiento, la debilidad, contracciones espasmódicas, temblores asténicos, movimientos involuntarios, conmociones de los músculos ó una grande postracion despues del menor ejercicio ó tan solo por la accion de hablar y pensar.

A estos fenómenos acompañan sensaciones de calor incómodo, y se complican con otros fenómenos paralíticos, de cuyos síntomas presenta la alúmina un rudimento.

Los dolores de los dientes no tienen la violencia que se observa en otros medicamentos: son variados, y la mayor parte irradian á otros puntos; se estienden al oido, á la sien, á la garganta; aparecen por la tarde y la noche, se agravan si ya existen; los dientes parece que se alargan, la masticacion aumenta el dolor, y este parte del fondo del alvéolo.

Al considerar los otros caractéres de la alúmina y el estado de las encías, se puede admitir una alteracion de la mucosa alveolar, porque existen alrededor de los dientes ulceraciones semejantes á pequeñas escrecencias, y porque el resto de las encías está hinchado, da sangre con facilidad y los dientes mismos están sucios y cubiertos de mucosidades.

Hay sensacion de arañamiento en la garganta, sequedad de la nariz y de la boca sin sed, á pesar del calor interno; pero estos fenómenos son pasajeros, pues habitualmente hay abundancia de saliva y de moco nasal, que con frecuencia es puriforme. Esto es, en general, lo que ocurre en las membranas mucosas.

La ocular presenta algunos indicios de irritacion y sequedad, sobre todo por la tarde; pero lo mas natural es que haya secrecion abundante de lágrimas, aglutinacion de los párpados por un moco espeso que corre en cierta cantidad, y los ojos están legañosos.

La conjuntiva puede ponerse rubicunda é hinchada sin gran dolor; las alteraciones de la vista, los orzuelos frecuentes, la caida de las cejas, la debilidad y la parálisis del párpado superior confirman la accion asténica del medicamento que obra del mismo modo en el oido.

El órgano del olfato padece igualmente; los escozores, los pruritos y los estornudos no son mas que el preludio de corizas interminables, ó que se reproducen por la causa mas pequeña, porque dominan los síntomas del coriza y de la abundante secrecion nasal.

Estas mucosidades pasan con frecuencia de las fosas nasales á la garganta, observándose al efecto como una especie de silbido en las mismas y una alteracion de la voz, que está como ronca, y denota el engruesamiento de la mucosa de la faringe. Como este estado secretorio es muy pronunciado en la membrana pituitaria, predispone á los catarros y epistaxis pasivas y abundantes.

La accion de la alúmina en el pecho representa exactamente la bronquitis en personas que ya la han padecido con frecuencia, y hasta la tísis mucosa, por lo cual se observa ronquera, diversas sensaciones de arañamiento que escitan á toser, ruido mucoso en la traquearteria, opresion, estertor mucoso, tos seca de toda especie, aun la nerviosa y por accesos, seguida generalmente de espectoracion abundante, sobre todo por la mañana; el moco escretado se mezcla algunas veces con la saliva y otras con un poco de sangre; la obstruccion de la mucosa pulmonal produce además frecuentes opresiones, peso en el pecho y embarazo congestivo. Punzadas, dolores de escoriacion y otras sensaciones dolorosas, que podrian referirse al pulmon, no son en este medicamento mas que un efecto de la afeccion de la mucosa de las vías aéreas ó de las pleuras.

Los síntomas que surgen de los órganos digestivos, por numerosos que sean, tienen un carácter de astenia que se revela por gases abundantes que salen por arriba ó por abajo, ó que producen, cólicos y timpanitis, con circunstancias en estremo variadas. Se debe notar la falta de vómito, si bien hay náuseas bajo una multitud de formas.

Consignarémos pues el estado mucoso de la lengua, la saliva mas ó menos espesa y abundante, la incomodidad, el malestar, la pesadez en el vientre, las mucosidades que barnizan los escrementos duros ó que constituyen las deposiciones diarréicas, y, en fin, la inercia de los intestinos que produce ordinariamente el estreñimiento, aunque las materias fecales no siempre tengan la forma natural y no sean escasas.

En esto la alúmina está en oposicion directa con la nuez vómica; pues por una accion contraria á la de este último medicamento, las deposiciones son difíciles, el intestino débil y el recto inerte; la defecacion se efectúa por los esfuerzos musculares abdominales; el ano es el sitio de varios pruritos y hormigueos, mas que de sensaciones dolorosas, que solo se reducen á ligero ardor, á algo de escozor y á punzadas.

Se observan algunos tumores hemorroidales atónicos, con exudacion mucoso-sanguinolenta ó con flujo de sangre negra, que gota á gota llega á colorear los escrementos, sin otro dolor que algo de ardor y pequeñas punzadas.

Los órganos génito-urinarios presentan calor, sequedad, dolores, debilidad, inercia, irritaciones pasajeras y secreciones aumentadas; la membrana mucosa, así como la de los labios, párpados y el ano, presenta un85 color rojo oscuro que indica la estancacion de sangre venosa en los capilares. Apenas hay prurito en la uretra ó la vagina, ni aun en el acto de orinar ó con la leucorrea.

Esta es abundante y de consistencia, con color muy vario, pero generalmente es serosa y acre; las reglas son escasas ó suprimidas, y aun cuando persistan con abundancia, hay laxitud y padecimientos que dan á este flujo un carácter pasivo.

Los síntomas de las membranas serosas son pocos y sin carácter particular, pues estos órganos no parecen atacados por la alúmina, y ya hemos consignado que las colecciones serosas no son de su dominio: todo esto puede servir para establecer sus relaciones con el sistema exhalante en general y los estados morbosos que le reclaman.

El sistema glandular tampoco parece afectado por la alúmina, á no ser que se le atribuya una ligera amigdalitis, y que algunos fenómenos abdominales induzcan á creer en la infartacion de las glándulas mesentéricas; los gánglios linfáticos, en fin, no ofrecen alteracion alguna.

No sucede lo mismo con el sistema cutáneo, en el que se presentan miliares lentas, nodosidades, tuberosidades indolentes, vesículas, rágades, dartros hasta crustáceos, con prurito, hormigueo, rubicundez oscura en las mejillas y punta de la nariz.

La mayor parte de las lesiones cutáneas son exudantes y húmedas. La piel además tiene disposicion á inflamarse y supurar, sobre todo en las estremidades, resultando con frecuencia úlceras atónicas muy rebeldes.

Se desarrollan tambien erosiones de un rojo oscuro en las membranas mucosas esteriores, en la entrada de la vagina, en el prepucio y los labios, los cuales se hinchan y cubren de vesículas y costras. La plasticidad está disminuida, falta energía en sus operaciones, pero no hay aberracion de su tipo, ni degeneraciones é hipertrofias de los tejidos.

§ III.—Efectos terapéuticos.

Los servicios que puede prestar la alúmina son mas numerosos que lo que se ha creido, especialmente en enfermedades cuya rebeldía cansa á los enfermos y á los médicos.

Se trata de las leucorreas, espermatorreas, catarros pulmonal y vesical, diarreas, corizas, que por su duracion, por la frecuencia de sus recidivas ó por la coincidencia con convalecencias penosas, son el orígen de mayores indicaciones.

Las membranas mucosas en general tienen un color rojo oscuro en su parte esterna, y se observan en ella erosiones, tumefacciones, vesículas, úlceras superficiales, efecto de la laxitud de los tejidos, de una especie de descomposicion, y con frecuencia de un vicio herpético, por no decir que es la regla general.

La alúmina puede en estos casos curar los infartos amigdalares, las anginas y las hinchazones mucosas; su naturaleza es herpética, y por lo menos la cronicidad es el carácter dominante. Así pues, este medicamento se adapta á la angina herpética, al herpes de la mucosa vaginal, etc.

En estas circunstancias, la quina y el arsénico pueden agregarse con ventaja.

Sin embargo, el carbonato de amoníaco y el borax tienen mas analogía con alúmina, y por consiguiente obran en el mismo sentido en un tratamiento de larga duracion. Las dósis mas considerables, pero siempre perfectamente divididas, son en estos casos de la mayor utilidad.

Este estado de las mucosas suele existir en las fiebres del mismo nombre, en su período de decrecimiento y cuando aparentan durar indefinidamente.

En este caso, además de la debilidad muscular y de la fatiga, por hablar, pensar y por el menor movimiento, hay una multitud de accidentes neurálgicos ó neuropáticos; palpitaciones, movimientos fluxionarios abortados que hace que los enfermos lo refieran á la sangre; afecciones paralíticas en personas que tienen los caractéres de la alúmina, y aun está indicada cuando se presentan algunos síntomas de irritacion simulando la inflamacion.

El práctico comprende que aun es útil en algunos casos de gastro-atonía y en varias hemorragias de los viejos y personas debilitadas; en ciertos casos de gota irregular, aun con irradiaciones á las vísceras, cuando en el dedo gordo del pié hay dolores y rubicundez lustrosa, indicada entre los síntomas de la alúmina.

El cólico saturnino puede ser tambien de alúmina, cuando sea ya antiguo; igualmente juega en algunas consecuencias sifilíticas cuando los enfermos han sido mal tratados ó se les ha dado muchos medicamentos, y si las membranas mucosas están afectadas con preferencia.

En todas estas circunstancias no debe haber tumefacciones sero-subcutáneas, y el estado moral y físico del enfermo debe reunir la mayor analogía posible con el cuadro que de este medicamento dejamos trazado.

Muchas enfermedades podrian requerir el uso de alúmina en las mismas personas, y aun la hernia, de la que este medicamento presenta algunos síntomas; pero está especialmente indicada en varias erupciones herpéticas, en las que la vitalidad de la piel parece languidecer y alterarse su tejido, por una inercia vegetativa, por falta de jugos reparadores.

En estos casos, el prurito, las rubicundeces oscuras, ciertos sabañones, son modificados ventajosamente por esta sustancia, del mismo modo que la ozena ó el herpes pituitario si se quiere, cuando depende de un estado análogo de la mucosa nasal.

La alúmina, en fin, es de una utilidad incontestable en las fiebres lentas con exacerbacion hácia la noche, sin predominio de calor, escepto las efervescencias de sangre, en fenómenos congestivos irregulares interrumpidos por calosfríos. Estas fiebres están acompañadas de debilidad y alteracion de las mucosas en personas reumáticas y herpéticas que han abusado del régimen vegetal, y en aquellos, en fin, que presentan un estado general semejante al de la alúmina.

Dósis.—La alúmina es un medicamento que obra muy bien y desarrolla sus efectos especiales en un estado de division conveniente y de atenuacion bastante débil, es decir, á la primera, segunda y tercera trituracion. La cantidad debe algunas veces elevarse á un gramo por dia y por dósis.

En un gran número de casos han bastado atenuaciones mas elevadas. Se le administra entonces en agua, mientras que las trituraciones se toman poniendo la cantidad de polvo sobre la lengua, y bebiendo despues una cucharada de agua pura.

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Fuente: Tratado metódico y practico de materia médica y de terapéutica. Fundado en la ley de los semejantes. Por a. Espanet. Traducido al español por d. Pio hernandez y espeso. Médico homeópata. The Project Gutenberg.

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