Acónito – Aconitum – Materia médica

Aconitum

§ I.—Historia.

Planta de la poliandria triginia de Linneo; de la familia de las ranunculáceas de Jussieu. Esta familia tiene muchas especies casi igualmente activas, y sus propiedades bastante semejantes; pero solo se ha estudiado el acónito napelo, y á él dedicamos este capítulo.

Mucho se ha escrito sobre el acónito; pero en nuestro concepto, solo la escuela hahnemanniana le ha tratado de una manera completa. Para convencerse, basta leer las páginas que le ha consagrado Giacomini.

Mr. Trousseau hace de él un simple estupefaciente ó narcótico, á pesar de la multitud de hechos que patentizan sus propiedades antiflogísticas y antineurálgicas, así como su estensa esfera de accion.

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La ciencia posee otros trabajos muy juiciosos, pero sus autores no han pretendido estudiar mas que una parte de las propiedades de este medicamento. Tal es Mr. Imbert Gourbeyre, que, en una escelente memoria, considera al acónito tan solo como antineurálgico.

Aunque el acónito ha sido usado en todos tiempos, las observaciones de los antiguos son poco seguras para estar ciertos de la identidad de la planta empleada.

Es preciso llegar á Stoerk para obtener las primeras observaciones sobre este medicamento. Este práctico llama vivamente la atencion de sus contemporáneos sobre el acónito, que administra como igual á la cicuta, en las afecciones reumáticas y aun en tumores escirrosos.

Desde entonces, el acónito ha sido empleado por muchos médicos, pero en multitud de enfermedades diferentes. Hahnemann le somete á esperimentaciones sérias en el hombre sano y las comprueba despues en la práctica.

Él es el que determina mas exactamente sus propiedades, dotando á la terapéutica de uno de sus agentes mas usados. Staps, Ruckert, Wahle, Baldriani, Devay, Pereira y otros muchos han contribuido bastante á este resultado.

En medio de documentos de todo género, no podriamos limitarnos á un estudio práctico, adoptando una division que nos permita utilizarlo todo, sin separarnos de la concision que nos hemos impuesto.

La accion del acónito no ofrece el desarrollo continuo de efectos que se puedan comparar á una enfermedad completa y que deba oponerse á los síntomas de la misma en el órden sucesivo de su aparicion.

Esto parece que obliga á atenerse al método empleado por los esperimentadores; pero no se opone á que se reunan los elementos por un sistema de racional apropiacion del medicamento á la enfermedad, agrupando los síntomas por funciones y aparatos, refiriéndoles á su orígen y marcando los que caracterizan su accion.

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Mas si las enfermedades complejas no hallan en el medicamento el conjunto de síntomas segun su evolucion sucesiva, no por eso dejan de estar en correspondencia con él en algunos de sus períodos que pueden determinarse.

En cuanto á las enfermedades simples, están fielmente representadas en algunos grupos sintomáticos del medicamento apropiado.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El acónito abraza en su inmensa esfera de accion un gran número de afecciones ó de períodos de enfermedades.

Es el medicamento mejor adaptado al elemento inflamatorio, al elemento fluxion sanguínea y á la hiperemia arterial; y quizá, en todos sus diversos síntomas y hasta en sus especialidades, afecta al árbol arterial de una manera hiperesténica.

Muchos autores le atribuyen el aumento de la actividad de las arterias y la hemitis. Algunos estienden su influencia al sistema fibroso cuya vitalidad exalta; Rau nos da de la hiperestenia arterial del acónito una esplicacion que me parece convendria mejor á otros medicamentos.

Cree que proviene de que no obrando el acónito sobre el sistema venoso, resulta un éstasis sanguíneo en los vasos de esta parte del sistema circulatorio, ó una congestion pasiva de los capilares.

Tampoco han faltado médicos eminentes que asignen á la inflamacion una falta de vitalidad y de tono del sistema sanguíneo, aun el arterial; la fiebre para estos no es mas que un signo de debilidad de la vida, relativamente á la potencia de la causa morbosa.

Esto es opuesto á lo que pretende la escuela vitalista en sus opiniones sobre la reaccion; todo lo cual nos importa poco.

La accion del acónito sobre el corazon y el sistema arterial se manifiesta en la universalidad de sus síntomas con una persistencia notable, que tambien se halla en el fondo de otros medicamentos con diferencias de forma que les son peculiares.

Ello es que esta accion se manifiesta por el intermedio del sistema nervioso. Así se esplica que el medicamento pueda compararse á la causa morbífica, porque todas las afecciones morbosas son unas, como las afecciones medicamentosas, por la unidad del sistema nervioso y el consensus funcional: Est tamen una ei eadem omnium morborum forma et causa.

Es lo cierto que los síntomas del acónito en general demuestran una espansion inseparable del orgasmo sanguíneo y de la sobreescitacion del sistema arterial, y que esta exaltacion de la vitalidad procede de dentro á afuera; no es menos verdadero que una parte de sus síntomas denotan una debilitacion de la vida, no pura y simple, sino acompañada de irritacion y de tension con contraccion.

Este doble movimiento de espansion y de concentracion se halla en todos los medicamentos en diversos grados de intensidad, como lo verémos, con la diferencia, que la espansion y el movimiento á la periferia dominan en unos, como en el acónito, belladona, etc., y que en otros, como en el arsénico, ácido fosfórico, etc., es la concentracion, la acumulacion de la actividad vital sobre los centros la que prepondera.

Estos movimientos de espansion y de concentracion no varian tan solo en intensidad para cada medicamento, sino que ofrecen orígenes distintos, relaciones singulares con ciertos aparatos orgánicos, lo cual es comun á la accion de todos los medicamentos, y lo que les aproxima por un carácter tan decidido de la accion de las causas morbosas.

La fiebre del acónito ofrece tal aspecto, que cualquiera creeria al organismo bajo la influencia de un esceso de electricidad que se acumulase en la periferia ó sobre las superficies internas, las mucosas.

Esta observacion, que es sin duda prematura en el estado actual de la ciencia, se adapta de diversas maneras á todos los medicamentos piréticos, y quizá encierre la solucion de las dificultades que se esperimentan en referir á un estado orgánico ó funcional determinado, las variaciones que sufren las secreciones en sus cualidades físicas y en su composicion química. Así es como la saliva es algunas veces ácida y el sudor alcalino, lo cual es lo contrario del estado normal.

Pero si la piel representando el polo positivo da productos ácidos, y las mucosas funcionando como el polo negativo dan productos alcalinos, ¿no habria inversion de los polos, cambio de electricidad, cuando los productos sufren una alteracion igual? ¿Y no podria tenerse á los medicamentos como modificadores de este estado?

Abandonamos estas ideas al lector sin detenernos mas ni volver á reflexionar sobre ellas, aun cuando muchos medicamentos se prestan á hacerlo: así pues, los sudores son siempre ácidos cuando el conjunto de síntomas exige acónito; los sudores dulzosos y alcalinos no son nunca de su competencia, y corresponden perfectamente á la brionia.

Repetidas veces hemos hecho observaciones de este género. Las deyecciones coléricas nos han parecido completamente neutras, y constituyen uno de los mas notables caractéres del eléboro blanco.

La indicacion esencial del acónito se funda en que la afeccion morbosa que le corresponde, tiene su punto de partida al interior. Que la fiebre exista ó no con localizacion de la inflamacion, la pars mandans está siempre en la impresion recibida por los centros nerviosos y trasmitida al corazon.

Esto es lo que hace tan importante al acónito en casi todas las fiebres, y por lo que tiene el sobrenombre de antiflogístico por escelencia, y esto es lo que le diferencia positivamente de la árnica.

Las causas de las enfermedades en las que el acónito es mas útil, confirman la importancia de este dato y la naturaleza de su accion electiva sobre el sistema circulatorio.

Estas causas son: una escitacion moral caracterizada por un movimiento de concentracion al que suceden la espansion y el reflujo de la sangre á la superficie, como el espanto y la indignacion contra los cuales se rehace; la accion de un viento frio y seco que concentra la actividad sobre los centros y provoca su accion espansiva; el temperamento sanguíneo, una vida animal y de inercia, una alimentacion muy nutritiva, la juventud y la adolescencia.

Las causas de las agravaciones, tales como el vino, el tacto, el movimiento, aun el de inspiracion, cualquiera movimiento de la parte afecta, el calor, el aire de las habitaciones cerradas, el ruido y una luz muy viva están en los mismos casos.

Las causas contrarias, como el aire fresco, la espiracion, la distraccion, el reposo, el silencio y la calma, alivian.

Los síntomas conocidos del acónito se prestan mejor que ningun otro medicamento á la division en estado prodrómico, agudo, sobreagudo y crónico.

Esta division surge naturalmente de la accion especial y progresiva del medicamento sobre la economía.

Su primera impresion sobre el sistema nervioso comprende un gran número de síntomas que corresponden al período prodrómico de la mayor parte de las enfermedades febriles; su accion sobre el sistema sanguíneo representa su período agudo, y su accion consecutiva sobre el sistema nervioso, es decir, la afeccion de los centros bajo la influencia de las alteraciones generales suscitadas en el organismo, responde al período nervioso ó sobreagudo de algunas fiebres.

Por su accion diatésica en fin, el acónito ofrece síntomas análogos á los de varias enfermedades crónicas.

Verémos despues medicamentos cuyos síntomas ofrecen poca ó ninguna analogía con el período prodrómico de las enfermedades agudas; que otros tampoco la tienen con el período maligno ó crónico; así es que cada agente terapéutico tiene su especialidad; cada uno corresponde á una ó mas fases diferentes de la enfermedad; cada uno manifiesta una esfera de accion mas ó menos estensa; y el medicamento que mejor corresponde á la agudeza de tales afecciones piréticas, no siempre está en analogía con la malignidad ó alguna otra faz ó período de la enfermedad.

Cuando la materia médica agrande el círculo de sus estudios, no tanto en la adquisicion de agentes nuevos, como esperimentando mejor los que ya posee, estenderá considerablemente la esfera de accion y precisará mas sus indicaciones.

Hé aquí pues el objeto de nuestra obra, tan difícil y aun atrevida quizá, pero que se ha hecho necesaria, y que facilitarán su redaccion los mas completos materiales: en atencion pues á nuestro buen deseo y á las inmensas dificultades que nos hemos esforzado en vencer, juzgamos serán motivos justos para escusar sus muchas imperfecciones, y que agradecerán sin duda su publicacion los médicos interesados en el progreso de este ramo tan atrasado de nuestros conocimientos, el mas importante, la terapéutica.

§ III.—Efectos terapéuticos.

1.º Estado prodrómico.—Por variados que sean los síntomas nerviosos del acónito, tienen relativamente una marcha mas constante que en otros medicamentos, y una fijeza de accion mas pronunciada. Este carácter de fijeza se hace aun mas notable en sus síntomas flegmásicos (período agudo), nuevo motivo para referirle al elemento inflamatorio.

Distinguimos en las enfermedades dos especies de fenómenos nerviosos: los de los prodromos debidos á la impresion de la causa morbosa, y los que suscitan las simpatias de los órganos profundamente atacados, ó la afeccion de los sólidos y líquidos que reaccionan sobre los centros nerviosos.

Estos dos órdenes de síntomas tienen sus análogos en el acónito y en otros varios medicamentos. Los primeros pertenecen al período prodrómico, y los segundos al sobreagudo y diatésico. Veamos los primeros.

El frio y calosfríos cutáneos del acónito son esteriores, pero precedidos de indisposiciones internas, de bocanadas de calor y de frio procedentes del interior.

Estas sensaciones internas que se desplegan en la superficie, en frio mas ó menos intenso con azulamiento limitado de los dedos de las manos, sin impresiones lineales en los miembros, se prolongan por algunas horas, rara vez por dias, hasta que el sistema circulatorio empieza á intervenir activamente.

El espasmo contractivo de los capilares determina el éstasis sanguíneo en la periferia, éstasis eminentemente activo y espasmódico. Los vasos arteriales y el corazon mismo sufren una tension contractiva de sus túnicas musculares y fibrosas, que comunica al pecho un ritmo seco, tenso, y provoca palpitaciones, ansiedades precordiales, síncopes.

Todo en la economía está vinculado al espasmo central; el cerebro por el vértigo, la sensacion de vacilacion, de contusion, de tirantez; el estómago por sensaciones análogas y por náuseas; el sistema muscular por su debilidad, su endolorimiento, sus dolores erráticos y su lumbago; la piel por su frio, su palidez, su sequedad; las mucosas en fin, por la aridez ó sus flujos espasmódicos.

El moral produce la inquietud por la instabilidad de las ideas, la falta de atencion; despues sobrevienen ensueños angustiosos, delirio, ó ideas fijas muy tristes.

Los síntomas de parálisis que se hallan entre los efectos del acónito, proceden de varios casos de envenenamiento, que admitimos y mencionamos desde este momento, aunque sus análogos sobrevengan en un estado agudísimo ó crónico, porque entran en su esfera de accion como efectos de congestiones activas en los centros nerviosos.

La esperimentacion en el hombre sano solo contiene los rudimentos tales como prurito con adormecimiento, sensacion de pesadez, convulsion, calambres.

No sucede lo mismo con los vómitos. Estos síntomas del acónito pertenecen todos á hechos tóxicos, y no podemos ver en ellos mas que esfuerzos eliminadores ocasionados por fuertes dósis. Reconocemos que el espasmo del estómago se eleve algunas veces hasta el vómito en el estado prodrómico, y que este mismo fenómeno se produzca por otra causa, la congestion por ejemplo, sobre el estómago, en los períodos prodrómico y agudo.

Acaso sea necesario referir á esta categoría de síntomas la sensacion de frio en el estómago, mientras que la ansiedad, la opresion, la angustia, el pulso pequeño y contraido, aunque debidos á intoxicaciones, pertenecen á la accion dinámica del acónito por sus congestiones y su accion sobre el corazon.

En los niños dominan los fenómenos convulsivos en el período prodrómico de las fiebres: este estado de eretismo espasmódico existe tambien en las personas muy nerviosas, aunque en estas hay menos regularidad en el desarrollo de los síntomas; en casos de esta especie es en los que el acónito cura afecciones para las que la manzanilla ha sido ineficaz, aunque este medicamento eminentemente nervioso parezca estar mejor indicado.

En las personas muy linfáticas y de constitucion floja, el acónito tiene menos accion y desenvuelve menos síntomas nerviosos.

La grande utilidad de este medicamento está en las enfermedades febriles de la infancia en la que el sistema nervioso nunca está completamente dominado por el sanguíneo; en esa edad de la vida vegetativa que precede á la del sistema arterial.

El acónito está tanto menos indicado en el viejo, cuanto mas predomina el sistema venoso y con él los síntomas de una descomposicion incesante é irreparable.

Entre estas dos épocas de la vida, hay una, en la que la circulacion arterial goza de toda su plenitud de accion desde la pubertad hasta la edad madura.

En la pubertad sobre todo, esperimenta el organismo la necesidad de una sangre mas rica y mejor oxigenada: el pulmon se hace el centro de una grande actividad, ó de una formal indicacion del acónito en casos dados, hasta el momento de la edad madura en la que la actividad vital pasa al aparato digestivo.

En todo este período floreciente de la vida, el sistema nervioso mejor arreglado por una hematosis mas perfecta, se sostiene con menos turbulencia en los límites de una marcha regular hácia la solucion de la enfermedad; á los síntomas prodrómicos suceden los fenómenos febriles.

El aparato cérebro-espinal, que es el primero que sale del entorpecimiento, es el último que entra en la calma de una accion tan poderosa y reguladora como conveniente á las últimas evoluciones de la vida vegetativa.

Pero prescindiendo de todas estas consideraciones, el acónito es uno de los mas poderosos agentes de curacion en un gran número de enfermedades agudas durante su período de concentracion y espasmo, en aquel período en que el sistema nervioso es el único que parece está en accion, y es tambien el mejor medio abortivo de ese mismo período, y por consiguiente, preventivo de los siguientes.

La designacion de estas enfermedades la harémos en el párrafo siguiente. Agreguemos, que si el acónito no se opone siempre á su desarrollo, contribuye al menos á regularizar su marcha, y que es útil para prevenirlas y para prevenir hasta esas fiebres temibles cuyos prodromos se adaptan á sus síntomas y tienen su punto de partida en los centros; esto es seguramente lo que la esperiencia ha debido enseñar á todo médico familiarizado con el uso de este medicamento.

Las impresiones morales violentas en fin, como la cólera y el espanto, entran en su esfera de accion, porque siendo su efecto el de operar una concentracion sobre el cerebro ó el corazón, el alma se reacciona por un movimiento de indignacion, de venganza ó de valerosa resistencia. A falta de esta resistencia, el opio reclama la curacion.

Una congestion pasiva con estupor y estancacion sanguínea que proceda de otra causa, no es del recurso de acónito.

La apoplejía misma no halla en él un agente curativo, cuando árnica solo es preferible en sus prodromos frecuentemente despreciados, desapercibidos ó muy rápidos; pero vuelve el acónito á tener lugar en el tratamiento, cuando habiéndose vencido con otros medios la congestion, el corazon toma su influencia activa; en este caso, árnica ó algun otro modificador mejor apropiado, debe asociársele generalmente.

2.º Estado agudo.—El estado agudo de una fiebre francamente inflamatoria escluye el predominio de los fenómenos nerviosos que caracterizan los prodromos. Desde el momento en que el estado espasmódico primordial termina sus calosfríos, el árbol arterial entra en accion simpática, y la participacion del corazon resume la afeccion, domina la escena.

Despues de mas ó menos tiempo de duracion de los calosfríos, las bocanadas de calor que salen al esterior se hacen mas frecuentes, se presenta la cefalalgia, se pronuncian mas algunos síntomas gástricos, desaparecen los dolores erráticos, se calienta la piel, la rubicundez reemplaza á la palidez, y las horripilaciones y la incomodidad dan lugar á una sensacion de bienestar y de calor halituoso, á veces ardiente, pero menos intenso que lo que por su fuerza se pudiera creer.

Conveniente es observar que el calor interno se estiende rápidamente á la superficie siguiendo los gruesos troncos arteriales y las partes mas vasculares.

El pecho y cabeza no tardan en ponerse ardorosos y aun verse amenazados de congestiones peligrosas. A medida que la accion espansiva se regulariza, los fenómenos locales se disipan, ó mas bien todo el sistema vascular capilar se congestiona uniformemente, y la tension de la fibra se apodera de la turgencia sanguínea.

Los síntomas varian poco en los primeros instantes de una congestion inflamatoria sobre una víscera ú órgano cualquiera, pero ofrecen particularidades cada vez mas perceptibles á medida que el órgano se afecta, hasta que la flegmasía se desarrolla con todo el acompañamiento de síntomas.

Esta regularidad en el desenvolvimiento de los síntomas febriles del acónito es tal, que la enfermedad aguda que se separa notablemente de ella, no corresponde á este medicamento.

El acónito, ha dicho Hartmann, se dirige perfectamente á los síntomas nerviosos que despiertan el consensus del sistema arterial y le dominan en el estado normal. En este sentido, el acónito resuelve los espasmos como la fiebre: febris solvit spasmos.

Sin embargo la influencia del sistema nervioso continúa haciéndose sentir en el carácter activo de los fenómenos y en un estado de tension de la fibra, tanto mas marcada, cuanto mas próxima se la observa á la época del estado espasmódico primitivo. Esta tension es la que, al parecer, tiene como comprimidos los conductos de la periferia.

Ningun medicamento, escepto la brionia en algunas ocasiones, es mas propio que el acónito para provocar y apresurar el que estalle.

Su uso en semejante caso, es seguido de un sudor que alivia y que es con frecuencia el precursor de un sueño reparador; sudor bien diferente del que se ha observado en algunos envenenamientos por el acónito, y que es debido, mas que á su accion armonizadora, á los esfuerzos eliminadores de la economía.

La flojedad subsiguiente al uso de este medicamento es tanto mas pronta y útil, cuanto mas próximo se halla el enfermo á la edad adulta, en la que la organizacion goza de la plenitud de la vida y de toda la energía del sistema sanguíneo.

La vida en el niño es ciertamente mas espansiva, pero se dirige lo mismo á la cabeza que á la piel; en el viejo, los movimientos vitales se dirigen al interior, á los órganos secretorios, y sus condiciones patológicas son opuestas á las del niño.

Esto esplica el por qué la misma fiebre que con solo acónito se puede curar en el adolescente y el adulto, se ha de ayudar su accion con belladona, manzanilla ó café, en el niño segun el grado de predominio nervioso, ó reemplazarle por la nuez vómica y el arsénico en los viejos.

Creemos haber dicho lo bastante para que el lector aprecie la utilidad del acónito en las rápidas indicaciones siguientes.

El acónito es el medicamento mas importante de las afecciones inflamatorias, esténicas, y de los órganos mas dotados de sangre arterial; aquellos en que domina la fibra muscular son del dominio de árnica, y se modifican especialmente por la pulsatila, si abunda la sangre venosa, y así sucesivamente para otros casos segun el carácter particular de cada medicamento en su propiedad pirética y flogística.

La plétora simple por esceso de hematosis no es, como se ha dicho, propia del acónito. Es necesario para que este medicamento sea útil, que la plétora sea irritativa, arterial, mas bien por esceso de oxigenacion de la sangre en el pulmon, que por esceso de quilificacion: esta plétora del acónito afecta mas especialmente el pulmon izquierdo y el corazon; su efecto es casi nulo en el esceso de la hematosis, porque estiende su accion igualmente á la sanguificacion que á la vida vegetativa.

La plétora general con movimientos tumultuosos del corazon, congestion caliente de los capilares y una especie de seudo-adinamia, no corresponde al acónito.

Este es uno de los casos raros en que es conveniente la sangría depletiva, con la condicion de que se emplearán inmediatamente despues los medios higiénicos y terapéuticos capaces de prevenir este insidioso estado y de oponerse á la costumbre tan fatal de las sangrías.

Aparte de todo, la plétora es el efecto de una diátesis, en la que la primera es el síntoma general ó local de un estado morboso, de una afeccion especial.

Las manifestaciones, ya de sangre, ya de bilis, ya de linfa, equivalen á un estado morboso con predominio de bilis, de linfa, de sangre. La lanceta no prueba mas la verdad de la poliemia, que el purgante la de la policolia.

No se debe atener el médico al efecto, sino remontarse á su orígen, á la discrasia; pues si algunas veces, volvemos á decirlo, se necesita la sangría por la urgencia de los síntomas, preciso es no perder de vista que solo es un medio de llegar á los que combaten la disposicion discrásica y dinámica del organismo.

El acónito no es en general análogo de las fiebres y flegmasías mas que en sus prodromos y en el estado de simple agudeza ó de formacion de las congestiones activas.

Deja de estar indicado desde que la congestion se ha localizado y que se prepara un trabajo de trasudacion, de hepatizacion, una alteracion cualquiera de los líquidos ó sólidos.

Es sin embargo cierto, que este medicamento goza algunas veces en el período agudo de una facultad abortiva disipando la congestion antes que se desenvuelva una lesion.

Las congestiones activas recientes, ó en vía de formacion, se manifiestan por los síntomas generales nerviosos, espasmódicos, y sanguíneos de la reaccion, por la tension de la fibra, por la alteracion del órgano afecto y la laxitud, por el calor exagerado de la parte, por la tumefaccion, por los dolores tensivos y dislacerantes, frecuentemente acompañados de palpitaciones y ansiedad.

Tales son tambien los síntomas correspondientes al acónito, salvas algunas escepciones favorables á las personas muy nerviosas é impresionables.

En estas personas, por pequeña que sea la irritacion, y aun por poco estendida que esté á la membrana mucosa, da lugar á síntomas generales en los que el sistema nervioso juega el principal papel: como laxitud, dolores agudos, calosfríos, espasmos; el acónito no deja de estar indicado en ellos, aunque la afeccion local no tenga grande importancia por sí misma.

El éstasis sanguíneo en un órgano flogoseado no está en relacion terapéutica con el acónito; porque unas veces el entorpecimiento nervioso existe por esceso ó por debilidad de la vitalidad, en cuyo caso los medicamentos indicados son: arsénico, opio, centeno cornezuelo; en otras, es por la irritabilidad de la fibra, la cual reclama árnica; en otras, en fin, los tejidos se alteran, se forma un nuevo producto, y segun las circunstancias, pueden estar indicados la brionia, el azufre ó el fósforo.

Por otra parte, las congestiones y las flegmasías deben ser tratadas en general con relacion á la causa, aunque sin perder de vista el cuadro sintomático.

A ninguna enfermedad se adapta mejor esta observacion que á la hepatitis producida por un acceso de cólera ó una alteracion moral violenta. El acónito en estos casos debe asociarse á otros agentes tales como la manzanilla y la brionia.

La atencion que debe prestar el médico á las causas morbosas, se estiende á todas ellas, como lo hemos indicado ya en la introduccion. Es tan importante la consideracion de la causa, que sin ella, la ley de la similitud está mal establecida.

Todos los dias tratamos toses, diarreas, neuroses, congestiones y fiebres, con medicamentos apropiados á las causas, con mas principalidad que á sus síntomas aparentes, como sucede por ejemplo en las emociones morales, en el enfriamiento, en la insolacion, en la cólera, nostalgia, etc.

Estraño es por lo menos que hombres que deben estar al corriente del progreso terapéutico, acusen á los homeópatas de no tener jamás en cuenta las causas, por atenerse tan solo á los síntomas de las enfermedades que tratan.

No es esta sola la acusacion que se dirige á los homeópatas, pues Mr. Trousseau se entrega al vano pasatiempo de relegar la homeopatía entre las doctrinas desechadas. La cuestion de las causas no es ciertamente cuestion de homeopatía, sino de medicina y del arte de curar.

No tenemos, no, la pretension de colocarnos como campeones de Hahnemann, ni de erigirnos en críticos de un sistema; solo abrigamos el deseo de apreciar fielmente los trabajos de nuestros antepasados y de observar atentamente el movimiento de la terapéutica. Volvamos á nuestro objeto.

Para determinar con exactitud los casos de susto y de cólera propios de acónito, es necesario recordar que el espíritu debe reaccionar por un sentimiento afectivo cualquiera, porque la pasibilidad relegaria estos casos á las atribuciones de otros medicamentos.

La reaccion del moral disipa el abatimiento físico, vuelve las fuerzas, apresura la solucion de la concentracion y conduce á una espansion febril. El acónito se opone entonces eficazmente á toda localizacion, generalizando primero el movimiento espansivo y debilitando despues la sobreactividad de la circulacion.

El papel activo del acónito le escluye del tratamiento de las congestiones pasivas y de todas las flegmasías y fiebres de carácter adinámico ó de postracion, como sucede en las neumonías de los viejos y en la fiebre tifoídea en su segundo período; así como tambien su especialidad de accion no corresponde al tratamiento de la metritis puerperal, de la flebitis y otras afecciones de este género.

Todas las inflamaciones de las mucosas y todas las flegmasías propias del acónito son muchas veces fáciles de designar, y su eficacia se comprende fácilmente en afecciones como la angina, la amigdalitis, la gastritis, etc.

Sin embargo, la inflamacion del oido no le pertenece, como lo verémos estudiando la pulsatila; se comprende tambien su eficacia en los períodos de invasion y agudo de las enfermedades agudas. Entremos en detalles.

Corresponde á la pleuritis, neumonitis y á cualquiera otra afeccion aguda del pecho, por la fiebre, la turgencia de la cara, las punzadas en el costado, la tos dislacerante, y por el terror, la agitacion, la ansiedad estrema, síntomas característicos de esas especies de flegmasías en que la respiracion está comprimida.

Su indicacion en la neumonía no se estiende mas allá de los síntomas que manifiestan una congestion mas ó menos violenta; porque los esputos rojizos pertenecen á la brionia.

Una neumonía, sin embargo, puede ser parcial y renovarse sobre otro punto, mientras que la parte del pulmon afectado primeramente, ofrezca un grado mas avanzado de la enfermedad, lo cual esplica la necesidad de volver á veces al acónito, si bien por poco tiempo.

En la simple pleuritis, este medicamento solo está indicado por la fiebre y la fluxion local.

El efecto debe ser pronto; y sin aguardar mas de un dia, se debe recurrir al árnica ó á la brionia, generalmente á este último, mas tarde ó mas temprano, para evitar la exudacion y el que se formen falsas membranas.

La pleuritis crónica reclama generalmente el ranúnculo escelerado, la cebadilla y el sulfuro de cal.

Dirémos al efecto y con relacion á todas las fluxiones y congestiones posibles, que cuanto mas activas y de sangre roja sean, hasta el derrame plástico, tanto mas indicado está el acónito en su principio; pero el tiempo de su uso será tanto mas corto, cuanto mas rápida sea la marcha de la enfermedad.

Las afecciones catarrales reclaman el uso del acónito en aquellos casos principalmente en que la flegmasía local domina á la fiebre, pero con la condicion de que esta haya precedido, aun cuando ya no exista.

La tension, el eretismo, una cefalalgia obtusa, frontal, dolores erráticos, sed y la sequedad de las superficies exhalantes le indican suficientemente; y si la causa ha sido un aire frio y seco, el acónito la combate con ventaja; todas las flegmasías están en este caso, hasta el punto que si la pleuresía no reconoce esta causa, no es propia de acónito.

Debemos confesar que se abusa de este medicamento en estas especies morbosas, porque es raro que no ofrezcan alguna relacion terapéutica; pero estas relaciones son mas propias de otros medicamentos que obren sobre el sistema sanguíneo.

La tos fuerte, llena, por ejemplo, no es mas propia de él que la diarrea catarral ó la otitis y la otorrea de la misma naturaleza. ¿No se ha dado inútilmente el acónito en muchas bronquitis y gripes, que la brionia, la cicuta, el mercurio y la escila hubiesen curado en menos tiempo? Permítasenos una reflexion respecto á las bronquitis de los niños.

Cuando la tos es húmeda, tragan á veces masas considerables de mucosidades que no saben espectorar, resultando un embarazo gástrico para el que un ligero purgante es frecuentemente muy oportuno, pues tiene la ventaja de desobstruir las primeras vías y determinar una revulsion favorable sobre el tubo intestinal; pero una dósis de emético en lavativa ó de vino emético, seria aun preferible por los efectos especiales del tártaro estibiado.

Otra observacion más relativa á los niños. Desde que se observa en los niños una tos que por sus accesos mas ó menos violentos con ronquera en el intérvalo, se teme la invasion del crup, es conveniente agregar el sulfuro de cal al acónito, alternándoles á intérvalos mas ó menos aproximados.

El acónito es, en fin, el primer medicamento que se debe emplear en el crup sin insistir mucho, si en poco tiempo no produce una mejoría sensible. La formacion de una simple exudacion en las amígdalas le escluye formalmente; se debe recurrir al mercurio, iodo, bromo, sulfuro de cal, á menos que no se prefiera alternarle con la ipecacuana ó la brionia por algunas horas.

Los síntomas del acónito son análogos á los de la angina de pecho, al asma de Millar, dolor violento detrás del esternon, en la region del corazon, reproduciéndose por accesos.

Esta afeccion está siempre asociada á una sensacion de debilidad y á un vértigo que puede elevarse hasta el síncope; el arsénico participa como el acónito de los honores de la curacion. Hablamos aquí de esta neuralgia en consideracion á su agudeza y á su sitio.

La peritonitis reclama acónito en su período de concentracion, con ansiedad, calosfríos violentos, pulso pequeño y contraido, alteracion de la cara.

Es muy poco útil en el primer período, en el estado agudo simple, á no ser que no se le ayude con otro medicamento mas apropiado, y es menester aproximar las dósis sin insistir mucho.

Conviene mejor en la gastritis y enteritis que reclaman dósis repetidas con insistencia, mientras que la enfermedad no se agrave, ó por poco que se alivie, pues puede bastar por sí solo para triunfar, cuando es simple; la colitis, cualquiera que sea, obtiene del acónito muy pocas modificaciones favorables.

En las afecciones reumáticas, bien se puede decir que el acónito solo es apropiado á la forma febril; se le puede administrar en el período de agudeza, pero no es indispensable; la brionia llena la indicacion de fondo, y muchas veces hasta de forma, es decir, que corresponde á la naturaleza de la enfermedad, así como á su modo de manifestacion.

Citamos la brionia como un medicamento generalmente indicado en estas afecciones, sin prejuzgar otros, tales como: zumaque, nuez vómica, belladona, mercurio, quina, tártaro estibiado, etc.

En la electividad propia de los medicamentos, unos se dirigen al corazon, otros á las membranas serosas, este á la cabeza, aquel á los nervios espinales.

Hé aquí algunos datos sobre las fiebres reumáticas en el primer período, cuando el acónito puede disputar la indicacion á otros medicamentos.

Desde los primeros síntomas de la invasion, cuando50 el diagnóstico está aun indeciso, el acónito está indicado.

Obra siempre muy bien, cualesquiera que sean las partes afectadas: las membranas serosas, los tejidos fibrosos y tendinosos ó aponeuróticos, con tal que haya tumefaccion inflamatoria fija, ardores febriles, dolores lancinantes y tensivos, pesadez y dolor por el movimiento y el tacto, y sensibilidad esquisita de la parte.

Pero cuando estos casos son debidos á un principio gotoso, reclaman la quina, la sabina ó el árnica, mientras que si el frio húmedo ó el contacto del agua es la causa de la afeccion reumática, el zumaque venenoso ó la dulcamara deberá administrarse prontamente en lugar del acónito; la brionia le reemplaza frecuentemente ó le sucede bien pronto cuando hay eretismo, dolor violento en la cabeza é hinchazon roja y lustrosa de la parte afecta, acompañando á esto grande susceptibilidad y dolores intolerables.

El sudor en estos casos contraindica el acónito y requiere mas bien mercurio, ó tártaro estibiado; el acónito corresponde, en las fiebres reumáticas, si el calor es halituoso ó madoroso todo lo más.

Omitimos hablar de una multitud de flegmasías en las que el acónito solo cubre ó está indicado en el principio y primer período de agudeza, pues juzgamos que el lector no olvidará los principios que deciden su uso.

Así pues, la inflamacion de los órganos en que no abunda la sangre arterial, es poco ó nada análoga á este medicamento: tal es la oftalmía, que para exigir acónito, debe tomarse en sus prodromos, antes del estado inflamatorio, lo cual sucederá rara vez.

Mas la oftalmía franca ó catarral, que se puede denominar erisipelatosa y en la que los tejidos próximos al ojo están mas afectados que este órgano ó la conjuntiva, pertenece51 al acónito, aun cuando bien pronto son otros los medicamentos oportunos.

El tratamiento de la mayor parte de las fiebres exantemáticas empieza por la brionia ó por el acónito, segun la causa de su especialidad espansiva y de su accion regularmente inflamatoria.

La belladona y la pulsatila tienen especialidades mas estensas que las de los anteriores en iguales casos, y aun superan al acónito; preceden por el contrario con ventaja el azufre, mercurio, zumaque venenoso, staphisagria y brionia en las afecciones eruptivas febriles en que estos medicamentos puedan estar indicados.

La miliar febril simple, y sobre todo la purpúrea, es muy propia de acónito, así como algunas variedades pertenecen á la belladona y al zumaque.

El acónito es mas eficaz que la belladona en el tratamiento de la escarlatina complicada con la púrpura, si bien es general alternarlos en estos casos.

En las fiebres del dominio del acónito, el estado de tension de los grandes vasos y del cerebro reacciona dolorosamente sobre el moral, dando lugar al delirio agudo con ideas fijas que subsisten á pesar de tener delante la realidad contraria, el coma vigil, la irritabilidad, la ansiedad y el temor de la muerte.

Este último síntoma tiene tanto mas valor, cuanto mas robustas son las personas y mas bruscamente acometidas de la enfermedad.

El acónito corresponde á la somnolencia debida á la congestion del cerebro y á una plétora sanguínea de este órgano, pero no á la somnolencia efecto de la anemia ó de un estado de asfixia; el insomnio reclama acónito cuando reconoce por causa un eretismo con orgasmo sanguíneo que puede dominar á la congestion cerebral ó precederla, y que una violenta impulsion del corazon y la escitacion febril bastan para esplicarla.

Se han hecho falsas aplicaciones del acónito en las afecciones inflamatorias del bajo vientre, en las mujeres embarazadas, en las personas dispuestas á hemorróides, mujeres que se hallan en la edad crítica, en enfermos de neumonías, afecciones tifoídeas y en una multitud de casos en que predominan la accion del sistema venoso, la elaboracion crítica ó pútrida de la sangre, una inflamacion falsa, un éstasis sanguíneo simulando congestiones flegmásicas, afecciones todas con las cuales no tiene el acónito relacion alguna.

Este medicamento, repetimos, exige la participacion activa del sistema arterial; pero, puesto que hemos escluido en general de su accion las afecciones del bajo vientre y del útero, preciso es establecer una notable escepcion, comprendida sin embargo en la regla general.

Esta escepcion es relativa á ciertas amenorreas eréticas en jóvenes que aun no han contraido el hábito á congestiones venosas, si así podemos espresarnos.

Suspendemos aquí el detalle de las indicaciones del acónito en la inmensa tribu de flegmasías febriles, para terminar diciendo algo sobre las hemorragias.

Las que el acónito cura, son activas, congestivas y eréticas, con fiebre, calor local, pulsaciones y pérdida de una sangre roja que se coagula prontamente.

Solo el árnica puede disputar al acónito sus indicaciones hemorrágicas, especialmente cuando predomina el eretismo, ó si no hay fiebre.

Hay no obstante indicaciones sacadas del órgano asiento de la hemorragia, como la del estómago é intestinos, que exigen la nuez vómica y el arsénico; la epistaxis se acomoda mejor al azafran y árnica; la metrorragia prefiere la canela, la ipecacuana y la manzanilla.

La hemoptisis reclama siempre el acónito cuando hay fiebre, si es que no alterna con árnica ó brionia, despues de su efecto sedativo sobre la circulacion. Ya tendremos ocasion de hablar de otros medicamentos contra las hemorragias, y se verá que hay algunos que gozan en estos casos de una especialidad de accion muy notable, como son: árnica, centeno cornezuelo, mil hojas, quina, los ácidos minerales cuya accion en las hemorragias pasivas y pútridas ya indicarémos.

3.º Estado sobreagudo.—Ya sabemos que la utilidad de acónito en este período de las fiebres es muy limitada. Por regla general, cuando un enfermo ha llegado á este estado, es muy conveniente prescribir una cantidad de acónito para tomarla en algunas horas y por fracciones, á fin de debilitar la violencia de la fiebre hasta el grado que sea dable en las atribuciones de este medicamento; el acónito, en efecto, tiene entre sus síntomas algunos de los característicos de las fiebres en su apogeo; su pulso llega por su pequeñez y dureza al mas alto grado de agudeza; corresponde por lo mismo á la gastritis y pericarditis sobreagudas; pero es preciso usarle sóbriamente á fin de no dejar pasar los momentos en que pueden jugar otros medicamentos mas directamente indicados.

Los síntomas mas graves del acónito son: grande ansiedad, angustia, inmovilidad, mas bien que postracion ó adinamia; accesos de desvanecimiento, con opresion momentánea de las fuerzas, con atontamiento y fijeza de la mirada, cara pálida y aun hipocrática, ojos hundidos, ó bien cara azulada, inyectada, sudor viscoso, petequias: estos síntomas, repetimos, pueden indicarle si existen con un estado erético; sin predominio de los fenómenos nerviosos ó atáxicos, que la fiebre no haya tenido ni tenga irregularidad estraordinaria en su marcha, y que los fenómenos locales ó especiales hayan conservado la relacion de subordinacion con el estado del sistema circulatorio.

Existen en esta época de la fiebre algunos síntomas característicos que pueden conducir al uso de acónito, como la sequedad y el ardor de la lengua y de la boca que disten de la fuliginosidad, las exacerbaciones nocturnas, el sudor en las partes cubiertas, sensacion á veces de frio interno, al que sucede otra sensacion de calor vivo; la sequedad de las membranas mucosas es muy pronunciada, las orinas sedimentosas, sed ardiente, pulso tirante y algunas veces pequeño y frecuente.

4.º Estado crónico.—Que la fiebre disminuya de intensidad, ó que pase al estado sobreagudo, ó que se prolongue retardando ó prolongando una convalecencia mal determinada, el acónito puede estar indicado, pero alternado con el licopodio, el azufre, ó algun otro medicamento cuya accion se estienda hasta la fibra, hasta la nutricion, hasta la plasticidad.

Debilitada ó profundamente alterada la vida por la enfermedad, reclama otra cosa que un simple antiflogístico como el acónito; porque si la irritacion sanguínea que subsista puede reclamarle, la indicacion vital que resulta del estado general, debe llamar la principal atencion del práctico.

No es esto decir que no pueda ser útil aun en las lesiones orgánicas, sino que será muy accidental y solo por la recrudescencia de la inflamacion anunciada por calosfríos, incomodidades, calor y fiebre.

Las afecciones crónicas que corresponden á acónito son poco numerosas, y tienen todas un sello febril ó de eretismo, como se ve por los síntomas siguientes: irritabilidad moral, insomnio, síntomas gástricos, piel amarilla y seca, cefalalgia habitual y supra-orbitaria, movimientos congestivos en diversos puntos, ligeras epistaxis, palpitaciones, deposiciones duras, negruzcas, pero con forma regular, orinas encendidas y calientes, rigidez y sensacion como de contusion en los miembros, pulso vibrátil y agravacion por la noche.

Las afecciones en las que menos indicado está el acónito, son: caquexias y fiebres hécticas, frecuentes recidivas de irritaciones mucosas, ya vaginales, ya bronquiales, en el engrosamiento de las membranas y su adelgazamiento por la disminucion de la tonicidad á causa de congestiones vasculares repetidas.

Se le cree eficaz por algunos síntomas en las leucorreas ligeras, en las irritaciones uretrales, la flegmasía alba dolens y la eclampsia de las recien paridas. Juzgamos que serán muy raros los casos de esta especie en los que el acónito pueda ser útil.

Lo mismo decimos de las afecciones mentales con ideas fijas ó con alternativas de alegría y desesperacion, ó con temor escesivo de la muerte.

Todos los síntomas de espasmos, preliminares de una afeccion grave, corresponden mejor al acónito que á ningun otro, inclusos los primeros momentos de una hernia estrangulada, aun cuando los fenómenos de concentracion anuncien la participacion de los grandes aparatos orgánicos en la lesion local, porque aun en este caso, el acónito puede impedirlo; pero los momentos son cortos y pocas veces está el médico presente.

Importante es apreciar el carácter de las enfermedades crónicas por los conmemorativos y la etiología, como se ve por el siguiente ejemplo: si un eczema situado en la pélvis, ó un dartro exudante, ó si, en fin, un prurito vaginal con leucorrea hubiese desaparecido, desarrollándose antes una gastralgia, y hay sed, dolor fijo, lancinante, agravacion por el movimiento y el reposo, sensibilidad en el epigastrio á la presion, el acónito podrá aliviar; pero para curar es necesario dar los medicamentos indicados en la enfermedad que desapareció.

Hé aquí otro ejemplo mas á propósito para nuestro objeto: una jóven de veinte años y de robusta constitucion fué atacada de clorosis; una viva impresion de miedo, si bien no la suprimió sus reglas, desarrolló un estado que, fisiológica y patológicamente, era lo mismo, puesto que dió lugar á un flujo de sangre abundante, á una congestion en el útero que se presentaba en la época catamenial y hacia difícil la rehabilitacion del flujo menstrual; habia cólicos, pesadez en las piernas, calor é incomodidad en el bajo-vientre, hinchazon de la vagina y exudacion hemorrágica.

Estas congestiones han producido un eretismo del útero y un estado de tension en este órgano, que era un obstáculo irritativo al restablecimiento del flujo periódico.

En esta afeccion se observaron al principio fenómenos simpáticos nerviosos, espasmódicos; se desarrolló en el ínterin la anemia, producida por la influencia del eretismo ya referido, por la disminucion de las secreciones, cefalalgias variadas, sed, aridez de la piel, ó por sudores debilitantes ó calores acres.

El remedio de este estado crónico será el acónito, pero con la sola mira de sostener el efecto de otros medicamentos.

Las neuralgias que en este párrafo mencionamos como propias de acónito, además de ser congestivas y caracterizadas por un eretismo general ó local, su accion electiva sobre el nervio trigémino las da el principal rango.

Uno de los caractéres de las neuralgias de este57 medicamento es el de que se alivien con el frio, ó por el aire fresco al menos, por el reposo y la inmovilidad. Generalmente las que corresponden á acónito son lancinantes y nocturnas, ó si se reproducen por accesos y hay calor y aun rubicundez en la parte, y que á las lancinaciones sucede una sensacion como de contusion ó magullamiento.

El carácter del dolor es insuficiente por sí solo para fijar la eleccion del medicamento, pues el dolor lancinante, por ejemplo, pertenece á mas de treinta, siendo necesario atender al conjunto de síntomas característicos, á la facies del medicamento, adaptada á la constitucion del enfermo, á su género de vida, á las causas que han producido la neuralgia, cuyas circunstancias todas determinan el carácter de un medicamento en particular.

Las neuralgias reumáticas debidas á la influencia de un frio seco, las ocasionadas por un calor escesivo y por el ácido carbónico, son del dominio del acónito, así como las que se sitúan en el corazon, y otras muchas acomodadas á la discrasia y electividad del medicamento, y que reconocen por causa una actividad sanguínea, arterial, y quizá una irritacion del neurilema, una plenitud de los vasos que se estiende á los nervios y sus membranas.

Digan lo que quieran los terapeutistas, entre los cuales se cuentan algunos modernos, el acónito no es un medicamento principalmente antineurálgico; su especialidad es la actividad arterial exagerada.

Aunque baste él solo para curar algunas neuralgias, y aun cuando elevando la dósis se estienda su potencia curativa á mayor número de estas afecciones, es lo mas regular que se curen administrando despues del acónito otros medicamentos cuya accion sobre el sistema nervioso es mas especial ó directa, como la manzanilla, el café, el eléboro blanco, la cochinilla, la belladona, el zinc, la nuez vómica y el arsénico.

En muchas ocasiones, para obtener la curacion de neuralgias crónicas producidas por una causa mas íntima y oculta, como la sífilis, la artritis, el herpetismo, etc., hay precision de recurrir á medicamentos cuya accion, si bien es menos directa sobre los nervios, es mas profunda y mas constante sobre los tejidos, entre los cuales podemos citar al mercurio, ácido nítrico, azufre, thuya, sílice y licopodio.

No terminarémos este estudio del acónito sin completar el cuadro sintético de sus efectos, indicando sus relaciones con la constitucion y parte moral de las personas sometidas á su influencia.

En su accion aguda, armoniza con la constitucion sanguínea, con sugetos bien nutridos, alegres, indiferentes ó descuidados, jóvenes ó adolescentes; por su accion crónica, tiene relacion con la misma constitucion deteriorada y convertida en mas nerviosa á consecuencia de privaciones, padecimientos y de una hematosis insuficiente; en estos casos, el moral es triste, inquieto y dispuesto á sobresaltos interiores.

Corresponde tambien perfectamente el acónito á las causas de las inflamaciones en general; á la primavera, la juventud, una alimentacion escitante, el uso inmoderado de los placeres, el tiempo seco y frio, la insolacion, el susto, la cólera, las impresiones vivas y profundas.

El recomendar á los terapeutistas de la escuela hahnemanniana el que armonicen el medicamento, no solo con los síntomas del físico, sino tambien con los del moral, no es una cosa insignificante y de poca importancia: esta recomendacion se enlaza muy bien con la necesidad en que se halla el práctico de formarse la idea mas justa posible de la constitucion que el medicamento tiene tendencia á favorecer ó provocar, por la série de modificaciones que imprime al organismo.

Esta necesidad está limitada al deber de conocer los efectos del medicamento sobre el hombre sano, para aplicarle á la enfermedad conocida en sus síntomas; y el conocimiento de los efectos sobre el moral emana de los efectos físicos.

Más, así como no es posible que el mismo medicamento produzca en todos los indivíduos los mismos síntomas físicos; así tambien los síntomas morales de un medicamento varian segun las personas sujetas á la esperimentacion, sin perder lo que hay de esencial y característico en ellos.

Se concibe bien que las observaciones sobre el modo de comportarse los séres inanimados sean y permanezcan invariables; que se sepa la hora y hasta casi el segundo en que se verifica el paso de la tierra por su perihelio en su inmutable rádio vector; admitimos que no haya ni aun un segundo de error en el cálculo aplicado á la revolucion anual de nuestro planeta; que las influencias siderales y las fuerzas astronómicas no alteren en lo mas mínimo la composicion y densidad de los astros; pero la ciencia del hombre no puede establecer la certeza en sus observaciones y estudios analíticos, porque la vida está sometida á mil influencias distintas, y porque tiene por objeto, por fundamento, organismos muy variables y susceptibles de ser diversamente afectados.

El hombre difiere de sí mismo á cada instante y en las varias épocas de su existencia, en sus órganos, en su sensibilidad, en sus disposiciones de irritabilidad, de absorcion, de escreciones, etc.

Supérfluo creemos demostrar en este momento el cómo influye el físico sobre el moral. Los medicamentos y las causas morbosas influyen sobre uno y otro, del mismo modo que el moral influye sobre el físico, sobre la enfermedad y sobre la accion de los remedios.

Esperamos, que en su dia estos estudios harán resaltar estas verdades, dándolas un carácter práctico y haciendo de los medicamentos agentes capaces de modificar el organismo, hasta el punto de hacer cambiar las disposiciones morales que dependan de su estado físico.

El acónito produce la agitacion, la angustia, la inquietud, el temor de la muerte ú otros síntomas que se aproximan á los característicos y que en cierto modo lo son, como los llantos, los gemidos, la irritabilidad, la misantropía y el miedo, que conduce á huir ó escaparse.

Dósis.—Las afecciones agudas soportan bien las dósis menos débiles de acónito, hasta la misma tintura; y cuanto mas simple y decidido es el carácter inflamatorio, mas eficaz y pronta es su accion. Lo mismo sucede cuando se le usa en el período prodrómico.

Pero su influencia es de corta duracion y tanto menos persistente cuanto mas viva es la fiebre; de esto resulta la necesidad de repetir las dósis con tanta mayor frecuencia, cuanto mas aguda es la afeccion y que la enfermedad agota mas pronto su accion.

Hay afecciones neurálgicas que se acomodan mejor á dósis mas elevadas, como, por ejemplo, en el tic doloroso de la cara y la angina de pecho.

Mientras que el carácter inflamatorio persista, aun cuando se alivie, se debe insistir sobre el acónito y repetir sus dósis: el mejor indicio de su utilidad es el pulso que disminuye de frecuencia al cabo de algunas horas. Conviene algunas veces administrar en el intérvalo del acónito varias dósis de un medicamento cuya accion es análoga á la suya en la enfermedad que se trate, como la belladona, la manzanilla, la pulsatila.

En las61 exacerbaciones agudas de las flegmasías crónicas y en el período subagudo de ciertas fiebres de larga duracion, la alternacion del acónito y del azufre produce escelentes resultados.

El tipo de la accion benéfica del acónito es la fiebre inflamatoria: este medicamento la modifica prontamente por una reaccion seguida de sudor, de calma y de un sueño reparador.

Jamás se verá el médico obligado á elevar la dósis mas allá de 10 ó 12 gotas de la tintura en 6 onzas de agua para todo el dia.

La dósis comun, en la fiebre y la amigdalitis por ejemplo, es de 3 á 4 gotas de la primera atenuacion diluidas en agua. En las neuralgias ú otras afecciones muy propias del acónito, no se debe bajar de la tercera atenuacion.

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Fuente: Tratado metódico y practico de materia médica y de terapéutica. Fundado en la ley de los semejantes. Por a. Espanet. Traducido al español por d. Pio hernandez y espeso. Médico homeópata. The Project Gutenberg. Foto: Jane

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